En el mundo ya no significa mucho el planteamiento de izquierda y derecha que se acuño a finales del siglo XVIII
Roberto Mendoza
Algunas definiciones que se usan hoy en día ya merecen tener una resignificación, incluso dejarse de usar porque ya no funcionan en el imaginario colectivo como funcionaban hace sólo 60 años. En el mundo ya no significa mucho el planteamiento de izquierda y derecha que se acuño a finales del siglo XVIII y que después de tres siglos forzosamente ha cambiado. Pero en el pensamiento de muchos no cambia, porque creen que no hay nada nuevo; y sí lo hay. Solo que el cambio ha sido tan limpio que no se dan cuenta.
La izquierda en general empezó a desdibujarse en los años 80 con el triunfo de la igualdad en el mundo, desechando el apartheid para siempre. La derecha retomó muchas de las banderas de la izquierda y las hizo suyas, la igualdad de oportunidades se mezcló con el capitalismo y vimos surgir nuevas fortunas y nuevas ideas, sobre todo con el internet y últimamente con los teléfonos celulares que integran todo en la palma de la mano.
Ya no somos una sociedad ignorante ni poco informada, aún hay personas que no saben muchas cosas pero es porque no quieren o no les interesa, no porque no puedan acceder a la información. Sin embargo, el caso de México es al menos peculiar, la llegada al poder de una supuesta “izquierda radical” se estrelló con una realidad, que no entiende porque sus postulados son los mismos desde hace 70 años e incluso más antiguos.
Al mismo tiempo, ya sea por una razón u otra, vamos a ser un país con millones de pobres y regresaremos en el tiempo a una sociedad mixta, donde habrá más discriminación, más desempleo, menos educación, más crimen y menos oportunidades. Exactamente lo opuesto a lo que pretendía el gobierno actual, que por una mala comprensión de la realidad y la mala gestión de una emergencia nos pondrán entre los países más necesitados de ayuda; lo peor es que el gobierno cree que lo está haciendo bien y millones piensan lo mismo.
Me preocupa qué pasará cuando estas personas se den cabal cuenta de la dimensión de este retroceso. Aunque me preocupa más que no se den cuenta y la realidad nos aísle del mundo. Es la disyuntiva del próximo año, el futuro del país está en nuestras manos. Hay tiempo para pensarlo, pero la decisión será tan rápida, como poner una equis en una boleta.