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15 de junio 2021

Todos los partidos buscaron comprar votos, hay lugares como la alcaldía de Gustavo A. Madero donde está documentado en varios videos

Roberto Mendoza

El pasado domingo, hubo una serie de delitos electorales que, igual que muchos otros ilícitos, simplemente no se castigan. Entre ellos la compra del voto. En 2018 la asociación “Democracia sin pobreza” señalaba que un voto costaba entre 200 y cinco mil pesos; este año no se contabilizó el precio, pero me aseguran que la venta del sufragio está en ese rango.

Todos los partidos buscaron comprar votos, hay lugares como la alcaldía de Gustavo A. Madero donde está documentado en varios videos. Pero además de la compra, en algunos lugares se usó la fuerza pública para detener a operadores que se presumía repartían dinero, no para presentarlos ante el ministerio público, sino para entorpecer su operativo, la razón de la falta de denuncia es porque sus adversarios hacían exactamente lo mismo.

Otros usaron la fuerza bruta para cerrar alguna casilla, como en Metepec; algunos funcionarios no fueron a cumplir su compromiso y fueron sustituidos por algunos que convenientemente estaban formados para votar. En fin, visos de que hubo algún truco en la elección hay y de parte de todos los partidos.

¿Por qué alguien querría vender su voto? No hay un estudio serio sobre este asunto, pues creo que todos estamos enterados, no sólo de que es un hecho reprobable, un delito que puede ser sancionado con hasta 100 días de multa y cárcel de entre seis meses a tres años. Seguramente si usted es lo suficientemente ingenuo para preguntar, todo el mundo negará que vendió su voto. Pero las evidencias existen.

Este mercado de venta de votos existe porque en el fondo mucha gente piensa que no pasa nada, que el voto no cambia mayormente su entorno, que las cosas -gane uno u otro candidato- seguirán más o menos igual, que los gobernantes no son suicidas y que van a hacer todo lo posible porque haya un horizonte más o menos de normalidad, pero no un cambio. Hoy día menos, el gobierno no ha logrado una mejoría en la vida de nadie, incluso lo único que se espera es que las cosas no empeoren mucho más. Esa ha sido la dinámica de los gobiernos de los últimos 40 años. Sólo José López Portillo tuvo en sus manos hacer de nuestro país una verdadera potencia mundial y…nos falló.

Entonces, si no va a pasar nada e incluso la perspectiva es que puede irnos peor ¿Por qué no vender por algo de dinero el voto? ¿Por qué no cambiarlo por algo que necesite de manera coyuntural? Si, de todas maneras, casi nada o nada va a cambiar, no tendremos más salud, más seguridad, más prestaciones, mejores calles, más alumbrado, mejor transporte. Incluso si nos ponemos muy realistas, no esperamos nada del gobierno, si nosotros no nos cuidamos, nadie lo hará. Estamos solos, así ha sido desde hace muchos años.

El presidente no está pensando en una gran nación, ni en una gran unión, no quiere hacer más grande a México. Está concentrado en un proyectito, que quizá vaya a beneficiarnos unos años y no más. El presidente no ve un gran país, no ve un gran proyecto, su cuarta transformación no es un plan para un México en el 2050 y posterior, es un plan chiquito, sin aspiración, sin ganas de triunfar, es un proyecto muy egoísta que piensa completarlo a toda costa, un designio que pensó para los más pobres, para regalarles dinero y mantenerlos de esa manera, siempre pobres. Nos falta un cambio, nos falta unión, sobre todo convencernos que sólo nosotros, todos, tenemos el poder de hacer un gran México.

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