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29 de junio 2021

La cuarta transformación es una declaración política, no un plan de gobierno. Tampoco es una política pública

Roberto Mendoza

¿Qué es la 4T? La verdad es que nadie sabe. El presidente nos ha dicho que es la cuarta transformación del país. Siguiendo su lógica, la primera transformación fue el movimiento de Independencia; la segunda, la llamada Reforma que tuvo como resultado las leyes que separaron la Iglesia del Estado, y la tercera, la Revolución. Si esto es así, al igual que las dos luchas armadas, esta transformación también es un caos.

La diferencia, nos ha dicho el presidente, es que esta transformación es pacífica; por lo mismo, hubiera sido de vital importancia que tuviera un plan y un proceso que le permitiera seguir una ruta hacia un número determinado de objetivos y estos se fueran cumpliendo por medio de un calendario o al menos conforme al plan que se nos hubiera propuesto.

El presidente estudió la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública y, en su ejercicio anterior de gobierno, trazó varios objetivos que se cumplieron según un plan; sin embargo, desde el inicio de esta supuesta transformación no ha presentado al pueblo de México ningún objetivo. Es cierto que, en su discurso de toma de protesta, el presidente hizo 100 compromisos, que, asegura, ya cumplió todos, pero estos no estaban contemplados en su Plan Nacional de Desarrollo, que en general es una declaración política que contiene una serie de lineamientos básicos, pero que no contemplan metas, controles ni fechas para saber si lo que se planeó se está cumpliendo.

Un ejemplo de que esta Administración no tiene idea de cómo implementar un plan exitoso es el desabasto de medicinas; desde el primer momento, se destacó que había corrupción en su compra consolidada y se canceló. Esto provocó un desabasto de medicamentos que se ha ido incrementando a lo largo del tiempo. Esto pasó porque, antes de cancelar lo que ya existía, no se pensó un plan alternativo que se pudiera implementar poco a poco, para tener controles más seguros y evitar la corrupción. Se debió seguir comprando tal y como se hacía, lo que hubiera permitido saber dónde estaba la parte corrupta, eliminarla y cambiar el proceso, de manera que, al mismo tiempo que no se ponía en peligro el abasto, se pudiera cambiar la forma y el fondo de las compras. Actualmente no hay medicinas; la instancia encargada de compras no ha logrado conseguir un abasto regular. Las medicinas que se compran, debido a que se compran de emergencia, son muy caras y su abasto se presta a la corrupción. Por lo tanto, no se resolvió nada y actualmente se tiene una solución que es peor a lo que se tenía antes.

Ejemplos de este tipo de caos hay muchos en la presente Administración. Muchas de las compras que se han anunciado y hecho no han resuelto de fondo nada de lo que pretendían resolver.

La cuarta transformación es una declaración política, no un plan de gobierno. Tampoco es una política pública. Al equipararla con las trasformaciones que supuestamente le anteceden se queda corta. Solo es un caos generado que no cambia ni cambiará la vida pública del país.

Sí está logrando que los mexicanos experimentemos un mal gobierno; no entienden de administración ni de finanzas públicas. No se prioriza las necesidades de los mexicanos, ni de los pobres, ni de la clase media, ni de los ricos… porque no sigue un método científico, no se sabe en que se gastó y fomenta el desorden. Ha logrado muchos muertos, sea por violencia o por la pandemia, ha empobrecido a millones y ha destruido mucho del andamiaje jurídico y político. Lo bueno es que es pacifica, pero está implementada a través de ocurrencias, como un experimento; por eso, el desastre.

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