Desde luego que el Gobierno ruso jamás va a reconocer que controla a los piratas cibernéticos autores de los ataques
Alejandro Gutiérrez
El pasado fin de semana, una nueva oleada de ataques cibernéticos ocurrió en varias partes del mundo, principalmente los Estados Unidos. Aprovechando el festivo 4 de julio, los ‘hackers’ atacaron una empresa de ‘software’, dejando afectadas a más de mil empresas vinculadas con ella, entre las que se encontraban una de ferrocarriles y otra de una cadena de farmacias. Pero también afectaron una cadena de supermercados en Suecia, donde 800 tiendas tuvieron que cerrar al dejar de funcionar sus cajas registradoras.
Apenas unos días antes, Microsoft advirtió sobre la detección de actividad por parte del grupo de ‘hackers’ rusos denominado Nobelium, que cuenta con una larga serie de ataques contra entidades del Gobierno norteamericano no solo robando información, sino infectando varios otros servidores y computadoras, al igual que sembrando ‘malware’ en otras para secuestrar la información y pedir rescate por ella.
Desde luego que el Gobierno ruso jamás va a reconocer que controla a los piratas cibernéticos autores de los ataques, pero esta es una larga campaña que los rusos llevan a cabo desde hace lustros en su concepto de guerras asimétricas. No solo el Gobierno ruso efectúa ataques, también lo hacen sus fuerzas armadas y su agencia de inteligencia.
Su blanco no solo son los Estados Unidos, sino que se han documentado ataques a 36 diferentes países. Sus blancos principales actualmente son las compañías que elaboran tecnologías de la información, gobiernos, algunas ONG y centros de pensamiento (think tanks).
Lo sorprendente de todo esto es que los gobiernos afectados, sobre todo de países como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, no hayan tomado medidas de represalia para disuadir estos ataques. Cuentan con una tecnología de vanguardia, muy superior a la que tienen los rusos, y ya son demasiadas las incursiones, que cada vez dañan más empresas y actividades de Gobierno. Como países víctima, solo han elaborado escudos de defensa como protección. La guerra cibernética continuará y los daños no solamente se cuentan en pérdidas económicas, sino en el robo de información que es mucho más grave.