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12 de julio 2021

Los voceros de los tres partidos, se ahogan en sus propias voces

Javier Esquivel 

 

Las narrativas de polarización y de confrontación de ideas parece no tener fin ni dar tregua en los asuntos públicos del país. Si creíamos que la intensidad del discurso de oponerse a todo lo que digan los demás sería menor con el fin de las campañas electorales estábamos en un error.

 

A más de 40 días de haber concluido la jornada electoral los generadores de opinión, académicos, empresarios, los partidos y actores políticos de México parecieran haber adoptado el contraste estridente como una herramienta útil del día con día.

 

Así como se adoptan formas y manías, pareciera que el ejercicio de moda es alzar la voz, oponerse, criticar sin argumentar y juzgar en lugar de ponderar la propuesta o generar mecanismos para corregir lo que hoy no nos gusta.

 

Y, este es síntoma más agudo en los partidos políticos de oposición en México. Las tres principales fuerzas de oposición han adoptado como narrativa de comunicación el contradecir, el atacar y contratacar y defenderse en lugar de construir y mejorar la oferta narrativa del país. No es que no sea democrático opinar diferente, el error es no ofrecer un contra relato convincente.

 

Los voceros de los tres partidos, se ahogan en sus propias voces y se enredan como andar en un laberinto en sus mismos canales de difusión, reiteran al unísono el mismo mensaje que ya no tienen eco y que rebota con cierto grado de aburrimiento incluso en sus mismos seguidores.

 

El escenario se torna más complejo para el PRI, PAN y PRD cuando no han tenido la capacidad de construir una nueva historia que contar, una contraparte antagónica que arrebate o que compita con la fuerte narrativa de Morena a nivel nacional.

 

Los reclamos de los tres partidos de oposición están totalmente centrados a judicializar resultados electorales, a oponerse a políticas públicas, a debatir y rebatir la aplicación de la ley en lugar de construir una nueva historia fundamentada y noticiosa que le permita tener espacio en la agenda pública que no dominan.

 

Con la mitad del sexenio transcurrido, sin mayoría en ambas cámaras legislativas, con la mitad de las gubernaturas perdidas, sin cuadros políticos visibles y creíbles para 2024 y con problemas de organización interna, la interrogante es en el sentido de cuál podría ser la oferta discursiva para conectar, comunicar y convencer a los millones de mexicanos.

 

Pareciera que la estrategia por la que han optado el PAN, PRI, y PRD es la más obvia y la más sencilla cuando no se tiene el poder, el gobierno, o un relato atractivo: La polarización y el oponerse a todo lo que suene a quien hoy gobierna.

 

Mientras no encuentren la fórmula indicada, el camino de la propuesta, la oferta que hacen en lo individual y como alianza legislativa que les devuelva la credibilidad perdida en los más de 40 millones que no están a favor de ellos, el mensaje difícilmente podrá variar.

 

Aún quedan algunas semanas para que comience el periodo legislativo, sin embargo, hoy no existe un posicionamiento claro que indique cual será la agenda, las causas y las banderas que defenderá cada partido o que acciones de pesos y contrapesos realizarán en cada uno de los congresos federal y locales.

 

Por lo pronto la primera batalla que tienen en el ámbito federal es el presupuesto y sin una historia sólida, voceros creíbles y mensajes bien articulados para todos los públicos clave es difícil ganar al menos la narrativa.

 

Nada alentador es el escenario político para disminuir la polarización cuando desde este mes de mitad de sexenio ya se hablan de candidatas y candidatos posibles para 2024.  Bienvenida y muy capitalizable sea entonces la polarización.

 

 

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