La ‘barra’ rojinegra cuenta que realmente se lo ‘cantaron’ a Landon Donovan en el Preolímpico que se jugó en el propio estadio de la Calzada Independencia durante 2004
Iván Torres
El grito homofóbico fue creciendo, se permitió seguir, y ahora es imparable. Surgido hace más de una década en el Estadio Jalisco, se hizo popular cuando el portero Oswaldo Sánchez se cambió de equipo, del Atlas a Chivas. Los aficionados rojinegros vieron como un insulto y traición futbolera cambiarse al club archirrival por una cantidad de dinero superior a la que podía pagar el conjunto atlista.
La ‘barra’ rojinegra cuenta que realmente se lo ‘cantaron’ a Landon Donovan en el Preolímpico que se jugó en el propio estadio de la Calzada Independencia durante 2004, cuando México enfrentó a Estados Unidos después de que el jugador hizo del baño en algunos arbustos que rodean o limitan el acceso a la cancha del inmueble jalisciense.
Creció con el citado portero en duelos del clásico tapatío, lo fueron adaptando otras aficiones en el resto del país y se preservó en los partidos de la Selección Mexicana. Algunos lo veían chistoso en los micrófonos de las televisoras.
Mientras eso pasaba, ningún club ni la misma Federación lo vio como un insulto; al contrario, el argumento era que el público que paga un boleto y va a un escenario dedicado al deporte del futbol, tiene o tenía de derecho a gritar, aplaudir y disfrutar del espectáculo. Ahora se salió de las manos, de control.
A lo largo de los años crecieron también las voces que le dieron el contexto que hoy legítimamente se reclama. Ahora la Federación Mexicana de Futbol no encuentra la fórmula para frenarlo, más aún que la FIFA ya interviene, porque en otros países han crecido los insultos racistas y ahora el organismo internacional tipifica el grito como una agresión similar al racismo que se vive en algunos sectores de Europa. La Concacaf también le da entrada al tema para afectar a la Selección Mexicana dándose un ‘balazo en el pie’, porque, a fuerza de ser sinceros, México es el principal y único atractivo económico para la Copa Oro, torneo que le da sustento a la confederación.
Falta gestión de estadista por parte de los federativos mexicanos, hacer valer los valores agregados que aporta el Tricolor ante un futbol de la zona y mundial y falta hacer una campaña que de verdad cause impacto para mitigar esta circunstancia. Está muy entrampado el asunto. Entiendo que ya se están trabajando las soluciones.