En esta columna, hemos señalado que la militancia tricolor –como la de otros partidos– fue seriamente lastimada por las designaciones
Javier Esquivel
En el escenario mediático y digital hacen presencia dos campañas de comunicación política poselectoral que buscan impactar y persuadir a sus diferentes públicos, pero que por su falta de planeación y evaluación estratégica no se percibe que puedan conseguir el resultado esperado.
A la primera campaña que me referiré se denomina ‘Revolucionarios’ y corresponde al Partido Revolucionario Institucional.
Con esta acción táctica, el partido más longevo de nuestro país busca que sus más de un millón de militantes y miles de simpatizantes expresen su opinión mediante la respuesta de un cuestionario digital que contiene preguntas como ¿qué causas debería abanderar el PRI?, ¿qué temas deberían abordar nuestros legisladores? y ¿cómo te imaginas al PRI de aquí a cinco años?
El llamado a participar y hacer una consulta digital masiva abierta tendría una lógica de conciliación luego de la derrota electoral del 6 de junio cuando el partido en los últimos años se hubiera caracterizado por ser un instituto incluyente de la opinión de sus agremiados y sensible a las voces de sus simpatizantes y afiliados. Sin embargo, no ha sido así.
En esta columna, hemos señalado que la militancia tricolor –como la de otros partidos– fue seriamente lastimada por las designaciones sin metodología de candidatas y candidatos y por la imposición de las dirigencias nacional y estatales. La fuerte inconformidad en la composición de las diputaciones federales plurinominales es todavía prueba altisonante de ello.
La campaña de comunicación llega en un momento de crisis y de varios escenarios abiertos en el tricolor, donde las manifestaciones, incluso violentas, tienen cabida. Grupos internos piden la refundación del partido, otras voces exigen la destitución de su líder nacional.
Si bien la campaña pudiera ser un paliativo a esta inercia de inconformidades internas, es un mucho mayor la opinión pública negativa contra las acciones de los dirigentes partidistas como la designación de la coordinación y vicecoordinaciones parlamentarias en la Cámara de Diputados federal.
La campaña se ve diluida en su efectividad cuando existe la percepción de duda sobre cuánto durará la alianza con el PAN y el PRD en la Cámara de Diputados y en los congresos locales, en especial en el de la Ciudad de México, que pudiera ser determinante por su contrapeso político para la designación presidencial y de la propia candidatura capitalina.
La intencionalidad de la campaña es loable, pero a todas luces se prevé que será altamente cuestionable el resultado de la misma. La consulta digital se ubica con todos estos elementos, –sin mencionar su opacidad metodológica– como un débil y poco creíble insumo para la toma de decisiones internas y para unificar a la militancia.
La efectividad de toda campaña debe ser centrada en un alto porcentaje de credibilidad. En este caso, se lanza publicitariamente en un ambiente dominante por conflictos internos y con resultados negativos en el saldo electoral.
La segunda campaña responde a un llamado de urgencia por parte del Partido Acción Nacional. El PAN emprendió desde hace unos días una campaña en redes sociales para afiliar a nuevos militantes y no perder su registro a pesar de ser el partido con más votos de la oposición en la elección intermedia de junio.
La Ley General de Partidos Políticos establece que el número de militantes no puede ser inferior al 0.26 por ciento del padrón electoral. Acción Nacional cuenta al día de hoy con el 0.28; es decir, la ínfima cantidad de 270 mil 799 militantes.
La campaña que debiera ir acompañada de una narrativa sólida para conectar, comunicar y convencer a los ciudadanos no identificados con ningún partido político, ha sido utilizada incluso por el dirigente nacional como elemento de contraste con el partido ganador. El generar más polarización no garantiza que las ciudadanas y los ciudadanos sin partido busquen afiliarse al PAN.
Los órganos partidarios responsables de la afiliación hacen incluso un erróneo llamado a los arrepentidos de seguir a Morena a sumarse a las filas del partido sin una lógica más convincente que ser partido de puertas abiertas sin una lógica de principios y valores.
En el análisis previo del lanzamiento de la campaña en Acción Nacional, olvidaron que el resultado electoral obtenido es reflejo de que fueron el vehículo para manifestar su inconformidad por la falta de respuesta a los problemas nacionales más no representa un aliciente atractivo para sumarse a sus filas.
De acuerdo con la encuesta publicada por un medio de comunicación nacional sobre la imagen política de los partidos políticos, el PAN antes de la elección contaba con 67 puntos de imagen negativa de la ciudadanía y con alto nivel de rechazo. Seguramente, esos valores contarios aumentaron al descubrir que serán los mismos personajes de hace 20 años los que ocuparán las curules nacionales y órganos directivos.
¿Por qué ahora pasadas las elecciones la gente debiera afiliarse a un partido como Acción Nacional? Esa sería una de las interrogantes que debiera responder la campaña. Sin embargo, no es así.
Acción Nacional seguramente sumará a unos miles de afiliados para cumplir con el requisito legal, pero no encontrará con esta narrativa débil de inclusión y apertura el camino para atraer al ciudadano.
Acción Nacional carece de voceros que le ayuden a generar esa adhesión natural de la gente que busca con la campaña. Hay más voces interesadas en ganar la lejana candidatura presidencial, la jefatura de Gobierno de la CDMX o la permanencia como dirigentes partidarios que sumar militantes para no perder el registro y darle la apertura a nuevas expresiones sociales.
Sin una narrativa atractiva y creíble, cualquier campaña –por creativa que esta sea– carece de efectividad y en este caso ambas fueron lanzadas sin medir todas las variantes que no controlan.
Apuntes del consultor
Existen dos campañas cuyos resultados ya son previsibles: 1) La campaña de la Consulta Popular oficial y su contracampaña partidista. 2) La campaña de prevención de contagios por COVID a nivel nacional.