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6 de agosto 2021

 

Juan Sámano

Mucho se ha comentado sobre la falta de público en los tendidos de las plazas de toros, inclusive se atreven a vaticinar que la fiesta brava está en decadencia. Sí coincido en parte con ellos, ya que para revivirla y después sostenerla, por lo menos en México, no solo es necesario llevar espectadores a que se retraten en las taquillas, sino más bien hay que abarrotarlas, pero de ‘aficionados’, labor que resulta por demás titánica en estos tiempos.

Partamos desde comprender que la fiesta de los toros es un negocio y por ende debe de generar dividendos. Para ello, se requiere que la mayor cantidad posible de personas adquieran sus boletos; sin embargo, el futuro de la fiesta está en que la mayor parte de estas entradas vendidas sean adquiridas por los llamados ‘aficionados’. Entendamos por ‘aficionado’ a aquella persona incondicional que va a la plaza motivada por el recuerdo de una faena vivida o por la que vendrá; asiste sin importar el torero o el ganado a lidiar, sin importarle el clima. Generalmente conoce de ganaderías y de toreros, conoce el reglamento taurómaco y ve el toreo no como una diversión, sino como una pasión, inclusive como una forma de vivir. Tiene la capacidad de observar y analizar todo lo que en el ruedo sucede, a diferencia del ‘espectador’, que generalmente no sabe lo que realmente está pasando y lo manifiesta con gritos y comentarios simplemente para lucirse o llamar la atención.

Retomo lo comentado por Sánchez Neira. Hay tres clases de aficionados: el que asiste a menudo, pero no entiende del todo lo que pasa; también el que sí sabe sobre el tema, pero lo domina la pasión, y por último, el ‘aficionado inteligente’, el que, por producto de los años, conoce perfectamente detalles como las condiciones de los toros, la lidia que requieren y las cualidades de los toreros.

Sin duda estamos en una brecha generacional en donde hace falta ese tipo de aficionado bohemio, enamorado de la fiesta brava, que asistió a su primera corrida de la mano de su padre, y que a través de sus ancestros asimiló esa afición que se lleva tatuada.

El poder llegar a ser un ‘aficionado inteligente’ no es fácil. Se requiere de tiempo, tiempo para poder ver el mayor número de corridas posibles, procurar relacionarse con personas  y grupos taurinos de la localidad, leer mucho, ya que a través de esta práctica se adquiere un mayor nivel de conocimiento, y sobre todo constancia para asistir a todos los festejos posibles en beneficio de la fiesta de los toros.

 

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