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9 de agosto 2021

 

Javier Esquivel 

 

Al inicio de la década pasada, analistas de las relaciones internacionales y estrategas en el diseño de la comunicación de gobiernos empezamos a indagar el impacto y alcance que tiene la imagen de un país respecto a otro, determinando obvia e indudablemente que las imágenes y percepciones de un Estado afectan la toma de decisiones.

Con soporte en diversas investigaciones nacionales e internacionales, coincidíamos y afirmamos que las imágenes y percepciones culturalmente condicionadas ejercen un efecto poderoso sobre la toma de decisiones, además de que el comportamiento de los actores internacionales sigue estando condicionado por los filtros mediáticos a través de los cuales estos reciben e interpretan información de un país.

En este sentido, es posible que hoy en día todavía algunos actores clave con capacidad de toma de decisiones –que muchas ocasiones no cuentan con gran conocimiento e información fidedigna de cierto país– pueden tomar sus veredictos considerablemente influenciados por imágenes y estereotipos mediatizados.

Por ello, el papel que juegan las percepciones e imágenes que existen sobre un país y otro se ha mantenido como materia relevante de estudio, no solo porque constituye uno de los factores que condicionan las políticas públicas en materia internacional, sino porque también son fuente esencial en la toma de decisiones que rebasa los límites nacionales y moldea las condiciones ante las cuales deben de responder los diseñadores de la política mundial.

En una época de política de masas y redes sociales, un aspecto importante en las relaciones internacionales tiene que ver con las imágenes y percepciones que los tomadores de decisiones de diferentes países guardan unos de otros.

Estas impresiones generan un prejuicio movilizado mediatizado que, si es positivo, puede coadyuvar a generar mejores relaciones y cooperación, pero cuando tiene el efecto contrario, puede ser considerado como una debilidad nacional y, por consiguiente, capitalizado en una negociación.

En este entorno digital y mediático, los gobiernos mantienen comunicación entre sí y con los ciudadanos de su propia nación y con los de las naciones extranjeras.

En el intercambio de información entre poblaciones de dos naciones está la base de las relaciones culturales. En este sentido, los medios de comunicación juegan un papel importante.

Hoy en día, en una sociedad global hiperconectada, los medios de comunicación debieran ser considerados como un elemento de gran peso en el diseño y construcción de estrategias de comunicación hacia el exterior dado que, especialmente, la prensa internacional y nacional modifica la noción del público acerca de otro país.

La prensa internacional, independientemente de sus representantes de cada país, puede ser generadora de prejuicios o una gran herramienta para abrir horizontes para comprender realidades diferentes.

El rigor periodístico y noticioso de la prensa todavía suele influir en quienes elaboran y son responsables del manejo y toma de decisiones con respecto a otros países y de mayor influencia todavía en los círculos de las finanzas e inversiones internacionales.

De este modo, en la actualidad la relación entre la política exterior y las políticas de comunicación internacional será cada vez más estrecha y las administraciones se deberán comprometer a coordinar ambas con el objeto de que la imagen de un país se proyecte de forma positiva, pero sobre todo congruente con sus intereses.

En México, hace unos años, fortalecer la imagen internacional del país era considerada como uno de los objetivos de la política exterior. Hoy en día, esa meta –de acuerdo con varios críticos gubernamentales– parecería perder su intencionalidad.

La prensa internacional –en el caso de México– sigue siendo un ente político en proceso de transformación basado en intereses de empresa con mucha influencia en diferentes actores como asesores de los congresos internacionales y de Gobierno, así como de empresas multinacionales. Por ello, la necesidad de revalorar su papel en la construcción de la imagen de México a nivel internacional sigue vigente.

Hay voces nacionales e internacionales que se contraponen al peso y efecto de la prensa internacional o doméstica. Hemos conocido también múltiples posicionamientos de actores políticos en Europa, Estados Unidos y América Latina que se caracterizan por su rechazo a la práctica mediática.

Si bien es cierto que dentro de sus argumentos antimediáticos se indica que los funcionarios de otras naciones no solo se basan en una sola fuente de información para tomar sus decisiones con respecto a otras naciones, hoy podríamos afirmar ante un sistema de comunicación política –Gobierno-medios-sociedad– que los comentarios y análisis de la diversidad de la prensa internacional tradicional siguen siendo parte de esos insumos.

Esta doble visión confrontada anima aún más el estudio de las percepciones –imágenes y estereotipos, reputaciones, prestigio y credibilidad– en los asuntos internacionales que años atrás ha representado práctica común dentro del análisis estratégico para la toma de decisiones.

Hoy, México parece que ha optado más por el camino de la diplomacia activa, la cooperación internacional, la mediación y la conformación de alianzas a mediano y largo plazo con naciones vecinas como un camino sólido para la construcción y reforzamiento del prestigio, reputación e imagen a nivel global; que por el de la mediatización internacional de sexenios anteriores.

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