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10 de agosto 2021

 

 

Mario Maraboto

 

De acuerdo con la teoría y la práctica de la comunicación y las relaciones públicas, una conferencia de prensa se realiza una vez que se tienen resueltas algunas consideraciones como anunciar algo importante que signifique noticia (novedad, algo que rompe el ‘status quo’), tener un mensaje claro y bien estructurado y contar con suficientes datos de respaldo. Durante la conferencia, el vocero debe evitar mostrar enojo, no evadir respuestas ni especular o incitar a la especulación al no responder con claridad, evitar gesticulaciones, caer en provocaciones, improvisar y mostrar debilidad emocional o técnica.

La conferencia de prensa puede ser el mejor canal para dar explicaciones públicas sobre algún tema o circunstancia que por su impacto afecta a ciertos grupos de la sociedad. Cuando los temas son técnicos o especializados, es ideal que el vocero se acompañe de expertos que respondan a preguntas puntuales de los medios. Todo ello contribuye a que quien preside la conferencia se vea convincente y creíble y no pierda el objetivo de comunicación.

Lo anterior implica que una conferencia de prensa debe responder a una estrategia bien diseñada que considere la veracidad de la información y la posibilidad de sustentarla con datos puntuales y comprobables, así como disponer del mejor vocero para la ocasión, lo que implica que no necesariamente sea la máxima autoridad quien la presida. Una conferencia de prensa diaria como lo hace el presidente de la República difícilmente puede ser planeada y por ello no es raro que caiga en errores, contradicciones e inclusive en calumnias.

Un ejemplo de ello se dio hace unos días cuando el presidente mostró un tuit falsamente atribuido al nuevo presidente del Tribunal Electoral y que meses atrás ya había sido desmentido; con gran ligereza y sin fundamento, el funcionario expresó: “Al presidente que eligieron en una ocasión me insultó. Lo comento para probar las características de las personas que ocupan estos cargos tan importantes… o sea, es degradante”, (frase que puede aplicar perfectamente en él mismo).

No es raro leer y escuchar críticas sobre la “conferencia de prensa” diaria del presidente de la República. Se ha cuestionado la no coincidencia de intereses entre emisor y receptor; si son para informar o para justificar acciones y denostar a quien lo critica; si tienen caso cuando realmente no se responde a las preguntas serias o se responde con “otros datos” que nunca son mostrados; si siembran más incertidumbres que certezas, y varios comentarios más en el mismo tenor.

Evidentemente, el objetivo del presidente no es informar, sino generar propaganda, hacer creer que está trabajando en temas de “interés nacional”, fijar la agenda mediática del día (que se hable y discuta lo que él quiere) y autoalimentar su ego al convertirse en el único vocero y “experto” de todos los temas de su administración.

La doctora Mary Munter, profesora de Comunicación Empresarial de la Tuck School of Business (New Hampshire), refiere cuatro dimensiones para la aceptación y credibilidad de un vocero: percepción de buena voluntad y justicia (preocupación y altruismo); experiencia y conocimiento real; empatía y prestigio personal, y ‘autopresentación’ (habilidad verbal, manejo del escenario, empatía con toda la audiencia y confianza que genera).

Ninguna de tales características se cumple con el vocero de las ‘mañaneras’: sesiones largas, cansadas y aburridas; llenas de lugares comunes (expresiones triviales o ya muy empleadas, según la RAE) en torno a “lo bien que vamos” en combate a la corrupción, justicia social, economía, gestión de la pandemia, etcétera. No se percibe en él preocupación o altruismo, conocimiento real de la mayoría de los temas (solo “otros datos” que nunca ha mostrado), poca empatía hacia la mayoría de sus gobernados (solo hacia quienes considera sus aliados) y la mayoría de las veces no genera confianza, sino incertidumbre.

Por otra parte, el presidente evade respuestas y no responde con claridad; muestra su enojo cuando las cosas no le van bien; evita comprometerse o lo hace a sabiendas de que no cumplirá; generalmente improvisa sus respuestas y en ciertos temas se refleja desconocimiento a fondo de la situación, lo que genera tergiversación de la información y confusión. Cero planeación y mucha improvisación según las circunstancias.

El motivo de una conferencia de prensa es dar noticia, lo que el presidente pocas veces ha hecho. A fin de no tratar temas importantes que revelarían el estado actual de su Administración, desvía la atención de todos hacia intrascendencias o decide improvisar auténticos espectáculos musicales (como el Día de las Madres y recientemente escuchando a Marco Antonio Muñiz).

Que los medios informen sobre las intrascendencias del mandatario solo logra lo que él busca: que se hable y discuta lo que él quiere para evitar temas realmente importantes. Creo que sería oportuno quitarle al presidente el foro de los medios serios para frenar o al menos disminuir el alcance de la propaganda presidencial, especialmente en vista del anunciado ‘show’ de la revocación de mandato y, sobre todo, de la siguiente campaña presidencial.

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