De los 205 países que participaron en los Juegos Olímpicos de Tokio, solo 93 ganaron alguna medalla; con solo cuatro medallas de bronce, México es el lugar 84 en ese conteo. ¿Debe extrañarnos tener tan exiguo lugar en esta competencia mundial? Nunca hemos logrado una cifra de dos dígitos en unos Juegos Olímpicos; solo cuando organizamos la justa en 1968, logramos nueve medallas. Antes de ir a las competencias, nuestra flamante directora general de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, Ana Gabriela Guevara, aseguró que se rompería el récord de todos los tiempos y ganaríamos 10 medallas.
En su defensa, Bolivia, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay no ganaron ni una sola medalla. También, se puede decir que los atletas, al igual que todas las personas en el mundo, se enfrentaron a los avatares de la pandemia más difícil de nuestras vidas, que algunos no tuvieron donde entrenar, como los que compiten en alguna disciplina acuática, pues las albercas se cerraron completamente. Se puede argumentar que nuestros atletas se enfrentan con otros que tienen patrocinadores muy fuertes, instalaciones y entrenadores muy competitivos, y sus países se toman en serio las competencias internacionales.
Quizá sea eso lo más importante; este nuevo Gobierno tampoco se tomó en serio el deporte. Sí fue capaz de ponerse la meta de erradicar la corrupción en la venta de medicinas y cargar con la muerte de niños y adultos por falta de medicamentos ¿Por qué no proponerse erradicarla en el deporte? Se hubiera metido a fondo, pasado la aspiradora a todas las mafias y darse el lujo de cambiar todo el mal esquema donde se gasta a manos llenas, sin resultados ¡Romper todo! En una de esas, además de ahorrar mucho dinero, hubiéramos ganado más de cuatro medallas.
Pero no, lo único que hizo fue quitar el Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento el Fodepar, desprotegiendo a todos los atletas, olímpicos y paralímpicos, quitando becas y dejando todo a la discreción de la señora Guevara. El resultado se refleja en el medallero y en los uniformes del equipo de softbol, con la bandera mexicana en la basura. Junto a ella, la ilusión y el orgullo.
Este lugar en la competencia mundial es reflejo de nuestra realidad, de nuestro espacio en el mundo. En vez de mejorar, vamos hacia atrás. ¿Qué nos está pasando? En todo lo bueno, vamos bajando y, en lo malo, vamos subiendo. No me digan que hay otros datos; las medallas olímpicas no pueden medirse de otra forma.
¿Van a celebrar a los cuartos lugares? Celebren, de una vez, a todos los que queden entre los 10 primeros lugares. Que sea ese el nuevo rasero, que no se exija mucho, no más poquito. Échenle la culpa a otros, a los jueces, al clima, al COVID, a que el rival era mejor, a que ellos siempre ganan medallas, a que los atletas mexicanos hicieron su máximo esfuerzo y ya casi, ya merito.
Así está el país. Tenemos el Gobierno que pretexta siempre: “Fueron los anteriores, nos dejaron un cochinero, ahí vamos avanzando, tengo mucha fe, yo tengo otros datos, ya aplanamos la curva, el pueblo es sabio, el pueblo me salvó, ¿imagínense qué hubiera pasado si no ganamos? Leer por goce es un acto de consumo capitalista” y así, al infinito. Justifican y autocelebran, cambian las fechas y sus nombres a conveniencia, inventan festividades. Exigen el regreso a clases y no cerrar nada, aunque estemos en medio de una crisis de salud; al final, lo importante siempre puede esperar otro ratito.