Me levanto de madrugada como es mi costumbre, aún el astro sol no muestra su sonrisa a la ciudad entera, pues se mantiene dormido en espera del sol naciente; tomo un desayuno ligero antes de emprender el vuelo, algún nutrimento que me permita encontrar fuerzas en esta compleja vida que pretende agotar con mi esperanza entera, una comida envuelta en ilusión, que me brinde los ánimos suficientes para alcanzar la gloria en esta profesión tan complicada; elevo una plegaria a los cielos para que regrese sano y salvo de su aventura montañosa en la ciudad andina de Cuenca, mi amado padre; pido por el eterno descanso de mi querido Chocho quien aún me sigue sacando lágrimas por su partida en febrero del año pasado; pido a Dios me otorgue las fuerzas suficientes para cumplir con mi deber de padre y a mi pequeño hijo Claudio Santiago entregarle todo aquello que requiere para su completa recuperación médica.
Disparo inicial y la travesía comienza; metro a metro las viejas lesiones empiezan a cobrarme su factura desgarradora; la sensación térmica de 37° grados me ataca y sofoca gravemente toda mi entraña ; el dolor añejo de los isquio me entumece el cuerpo entero y arranca mi ritmo de carrera por entre sus fibras; mi pierna izquierda y las rodillas, enardecidas por la molestia e inflamación me entorpecen el paso y veo a lo lejos al pelotón marchista; la cabeza me da vuelta y los recuerdos como taxista informal y ahora vendedor de pasta artesanal sudan mi playera; el dolor mental y físico es inmenso pero nunca renunciare a estos Juegos Olímpicos.
4 horas, 53 minutos y 9 segundos termino la prueba en último lugar, el llanto me cansa; me levantaré con más fuerza.
Esta es la historia que, interpretó, vivió el marchista ecuatoriano Claudio Villanueva, quién arrastrando lesiones física y mentales, nos entregó un competitividad guerrera, conmovedora y valiente, un final digno de película de Disney; pues a pesar de finalizar la prueba de marcha de 50 kilómetros en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 en último lugar, entregó a los aficionados una historia de perseverancia y coraje como pocas; pues desde hace 12 meses no tiene noticias de su señor padre (desapareció), su entrenador lamentablemente falleció derivado del Covid19, su hijo recién nacido sufrió de una enterocolitis necrotizante (enfermedad grave en los bebés) y con una intermitente recuperación de rotura de isquiotibiales, bursitis y tendinitis en las dos rodillas, decidió no claudicar y terminar la competencia olímpica.