El presidente de la Federación Mexicana de Futbol, Yon de Luisa, declaró a inicio de semana que venía una nueva sanción para el futbol mexicano por los gritos discriminatorios hacia la comunidad LGBT. El castigo ha sido conocido y es un partido de eliminatoria mundialista a puerta cerrada.
Sin entrar a debatir si el grito es discriminatorio o es parte del folclor mexicano, es importante señalar que las acciones emprendidas para evitar el grito son ineficaces.
Que el capitán del Tri lea un pequeño comunicado o que nuestro torneo de liga se llame GRITA MÉXICO no es suficiente para cambiar una costumbre y, sobre todo, no es suficiente para cambiar la percepción y el respeto hacia una minoría.
Yo sugiero que los clubes se metan de lleno a esta campaña. ¿Cómo? Usando sus números dorsales para lanzar mensajes; haciendo comunicados de los propios jugadores a través de redes sociales, realizando activaciones en centros comerciales, y ya que el presidente de la República ha ordenado que los estudiantes regresen a las escuelas, propongo que los futbolistas impartan miniconferencias.
Aplicar acciones locales con uno de los influenciadores más grandes como lo es el deporte profesional es un gran vehículo de difusión. A menos que haya un elemento que no veo, y que exista una razón para que no lo quieran hacer, me parece que NO están siendo eficientes con las estrategias para combatir el grito.
No esperemos a que llegue una sanción más fuerte que ponga en riesgo la eliminatoria. Por respeto, o aunque sea por evitar castigos, hay que actuar y, de una vez, incluyamos acciones para erradicar manifestaciones raciales que, dicho sea de paso, también se dan en México.