Andrés Manuel López Obrador ha tenido la simpatía de un gran número de mexicanos y mexicanas desde hace prácticamente dos décadas. La causa defendida por el tabasqueño le generó empatía en sectores intelectuales, obreros y estudiantiles. Esto es parte elemental para que en el proceso electoral de 2006 ganara la elección presidencial que posteriormente le sería robada, situación que se repetiría en 2012, pero en 2018, después de años de lucha, se alzó con el triunfo que le brindaría la silla presidencial hasta el próximo 2024.
Actualmente, el Gobierno federal encabeza la confianza de la ciudadanía, con un aumento de más del 136 por ciento en el nivel de confianza entre distintas unidades económicas en el periodo comprendido del 2016 al 2020. La actual Administración se posiciona en la primera posición con un 35.9 por ciento, seguido de diputados y senadores con un 25.9 por ciento. Datos que inquietan es el tercer lugar de confianza que tienen los institutos electorales, el quinto lugar de los jueces y magistrados y el penoso último lugar que ocupan los partidos políticos.
De este tamaño es la legitimidad del actual presidente de la República, misma proporción en cuanto a la responsabilidad que tiene con toda la ciudadanía, en específico aquella que a poco más de la mitad de su sexenio continúa dudando de su gestión al frente del país o en su defecto mantiene un pronóstico reservado en relación al Gobierno de la 4T.
Hoy, más que nunca, la esperanza de un México mejor, más incluyente y con justicia social, debe de prevalecer en el ánimo de la población.