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16 de noviembre 2021

 

Mario Maraboto

 

En los últimos meses son varias las cortinas de humo que se han lanzado para desviar la atención de los problemas económicos y sociales por los que México está atravesando. En la actual Administración hay muchas: desde la no rifa de un avión hasta un discurso en la ONU, pasando por otras como las críticas a la UNAM, la revocación de mandato y sus ‘shows’ mañaneros, entre muchas más.

La cortina de humo es una herramienta de comunicación que ha resultado muy útil especialmente para los políticos con perfil narcisista en todo el mundo. Su origen militar para esconder a las tropas de la vista enemiga se ha adaptado al lenguaje de la comunicación para derivar a las audiencias hacia un tema sensacionalista o polémico a fin de evitar tocar asuntos complicados y así poner a resguardo la reputación del funcionario o de la institución en apuros.

A estas cortinas de humo también se les conoce como ‘caja china’, porque cuando esta se logra abrir, dentro hay una sucesión de cajas más pequeñas. Haciendo una analogía con el periodismo, cada caja vendría a ser una nota que llama más la atención que la anterior, despierta la curiosidad y genera controversia.

Se dice, por ejemplo, que el ataque de Estados Unidos a Irán en 2019 fue una caja china para desviar la atención sobre el juicio de destitución del presidente y al mismo tiempo despertar el nacionalismo en vías a ganar votos para su reelección en el cargo. De igual manera, en Perú, Vladimiro Montecinos, asesor del entonces presidente Alberto Fujimori, creaba cortinas de humo generando noticias falsas sobre los rivales políticos y denostándolos a través de medios de comunicación.

No obstante sus efectos al distorsionar la realidad y cambiar la agenda, estas cortinas de humo también dejan ver los esfuerzos de quien las emplea por evadir su responsabilidad ante acciones fallidas.

Shahida Arabi, doctora Summa Cum Laude de la Universidad de Columbia, Nueva York, ha identificado en un trabajo titulado ‘20 Diversion Tactics Highly Manipulative Narcissists, Sociopaths and Psychopaths Use to Silence You’ algunas tácticas que contribuyen a la generación de cortinas de humo, y cuyo mejor ejemplo es el actual presidente de la República; entre ellas señala las siguientes:

Lámpara de gas: Es una forma de abuso psicológico que presenta información falsa para hacer dudar a los demás sobre su memoria. Se expresa en variantes de frases como “Eso no sucedió”, “¡Lo imaginaron!” y “Son cuentos de mis enemigos”. Dice Arabi que “un líder manipulador puede convencer a los demás de que su creencia es una verdad incuestionable en tanto que las creencias de los demás son un signo de disrupción”. (“Tengo otros datos”)

Proyección: Es otra técnica empleada por personas que no están dispuestas a ver sus propias deficiencias y usan todo lo que está a su alcance para evitar ser responsable de sus acciones. Es un mecanismo utilizado para desplazar la responsabilidad del comportamiento y los rasgos negativos de uno, atribuyéndolos a otra persona. (“Los neoliberales”, “la mafia del poder”)

Conversaciones sin sentido: Explica Arabi que es una táctica que involucra las dos anteriores a través de ensaladas de palabras, conversaciones circulares y argumentos agresivos contra las personas, para desorientar, desacreditar y distraer del problema principal y hacer sentir a los demás culpables por tener pensamientos y sentimientos (esos sí, reales) que difieren de los suyos.

Cambiar el tema: Es una digresión literal del tema que realmente importa para redirigir la atención a un tema completamente diferente y evadir la responsabilidad. La doctora Arabi lo expresa así: “Estas desviaciones funcionan para descarrilar las discusiones que desafían el ‘status quo’. Una discusión sobre los derechos de los homosexuales, por ejemplo, puede descarrilarse rápidamente por alguien que presenta otro problema de justicia social solo para distraer a las personas del argumento principal”.

Las cortinas de humo funcionan para el presidente, pero no solucionan los problemas económico-sociales de la población. Es tiempo de dejar de escuchar generalizaciones que confunden y no llevan a acciones concretas y solo hacer caso a discursos propositivos, con sentido y fundamentos reales. Como dijo Abraham Lincoln: “Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo; se puede engañar a algunos todo el tiempo; pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

 

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