Cuando se tiene un campeonato resultadista, con pocas opciones de generar competencia, sin descenso, contemplativo con rumbo a la mediocridad, condescendiente con entrenadores que trabajan lo necesario sin dar un extra, sin preparación o sin actualización. Directores técnicos que desde un estudio de televisión están esperando que caiga algún colega para candidatearse a cualquier equipo. Cuando los directivos no exigen espectáculo y más bien solapan el trabajo de sus clubes. Cuando la crítica atiende desde los medios priorizando el falso amiguismo porque preferimos que el protagonista nos dé una entrevista y lo hacemos nuestro cuate en lugar de poner una barrera y exigirle también un trabajo de mejor nivel. Cuando hay presidentes de equipos que se llevan tajadas de traspasos de jugadores sin que el dueño se entere. El resultado es que el futbol mexicano está aletargado, pausado, se está quedando atrás. Mientras en la MLS juegan una temporada de 34 partidos con ‘playoffs’ dando al mejor de la conferencia un pase directo a semifinales, acá estamos pensando en el famoso repechaje y premiar a los últimos lugares, a los que llegan de panzazo. Es momento de analizar el pobre nivel que hay en el futbol nacional; es aburrido y tenemos una ceguera de taller ante un balompié en un rincón con telarañas. El crecimiento del futbol del norte tiene una clave, y esa es sencilla de entender, pero difícil de aplicar: jugar con intensidad y después priorizar el talento de los jugadores. Claro, hay que sumarle la táctica y la estrategia porque la intensidad no lo es todo.
Desde hace algunos años, México tuvo a alguien que puso la muestra bajo este sistema y le alcanzó para un campeonato. Ignacio Ambriz trajo de Europa esta forma de trabajo, convenció a ciertos equipos de hacerlo, pero no todos lo aceptan porque requiere mucho sacrificio físico ante jugadores que difícilmente se salen de su zona de confort. Se nota en algunos seleccionados que en sus clubes no se aplica, por ejemplo, Araujo, Sánchez y Vásquez, jugadores que son superados por los canadienses o los estadounidenses. Les tengo una mala noticia: estos últimos trabajan la intensidad como en Europa desde más de 10 años, y hoy están viendo resultados.