Las agresiones de Rusia pretenden reconfigurar el nuevo orden surgido del derrumbe de la ex Unión Soviética. Si esto se logra, servirá de pretexto para que China, a su vez, se lance a recuperar Taiwán y así, hacer surgir nuevas potencias mundiales hegemónicas.
En 2007, Rusia lanzó el famoso ciberataque contra Estonia, en 2008 una guerra contra Georgia y en 2009 efectuó maniobras militares en las que se simuló un ataque contra las repúblicas bálticas y un bombardeo nuclear contra Varsovia.
Su actitud ha sido la de un gangster que crea un problema y luego ofrece resolverlo, a cambio de un precio.
Ahora, ha denominado a Ucrania la “anti Rusia”, le señala de ser un estado fallido y ha reiterado que Rusia y Ucrania son “un solo pueblo”. En realidad, Ucrania constituye el segundo país más grande de religión ortodoxa, después de Rusia y su independencia fue reconocida y garantizada por Rusia. En 1994 esto fue firmado a cambio de que Ucrania devolviera a Rusia el armamento nuclear de la época soviética que se encontraba en su territorio.
Las intenciones rusas son claras. No puede permitir un estado vecino próspero, multirracial, democrático y alineado a Europa, porque esto pondría en evidencia el gobierno corrupto, autoritario y antidemocrático que encabeza Putin de cara a sus propios ciudadanos.
Rusia anhela limitar la expansión de la Unión Europea y de la OTAN, alejándolos de sus fronteras lo más posible, lo mismo que la presencia militar de la alianza atlántica, así como de sus misiles que apuntan al corazón ruso. Pero también tiene como objetivos el desmembramiento de Ucrania e incrementar su presencia e influencia en los países de la ex Yugoslavia, preponderantemente Serbia.
Todo esto ha traído como consecuencia que países no afiliados a la OTAN se acerquen a ella e incrementen sustancialmente sus gastos de defensa, como Finlandia y Suecia.
El declive norteamericano está a prueba. A pesar de su famoso slogan, la realidad es que Donald Trump incrementó durante su gobierno la debilidad y la falta de liderazgo de su país en el mundo. El gobierno de Joe Biden tiene ahora el reto de enfrentar un adversario tramposo que sólo puede retroceder ante la firmeza.