Europa enfrenta varios conflictos y no se visualiza un criterio unificado para resolverlos, lo que, aunado al declive en el liderazgo de Estados Unidos en el continente, amenaza con desencadenar desestabilizaciones de algunos gobiernos, no exentos de enfrentamientos armados.
La Unión Europea no ha resuelto su conflicto con Polonia respecto a la independencia del Poder Judicial polaco y ha retenido fondos que le corresponderían a este país para presionar a su Gobierno. En tanto, el Gobierno de Polonia amenaza con retener sus cuotas a la Unión como respuesta, alegando que las medidas que tomó son necesarias para optimizar un sistema judicial muy deficiente en su país, y que a la Unión no le compete entrometerse en los asuntos internos de los países miembros.
Ucrania ve la amenaza de invasión rusa demandando desesperadamente la adquisición de armas para contenerla, petición bloqueada por Alemania. Se espera que, con el cambio de canciller, el nuevo Gobierno alemán modifique su postura.
En Bosnia, un expresidente de la República Srpska, que es una de las dos entidades que componen el país, junto con la Federación de Bosnia y Herzegovina, y que, apoyado por Moscú, ha amenazado con escindir una parte del país, como medida para evitar que se una a la Unión Europea, pone en riesgo la muy frágil paz alcanzada en la región, sacudida por sangrientas y crueles guerras recurrentes.
España contempla la cada vez más radical postura de los dirigentes catalanes por escindirse y alcanzar una independencia que no ha logrado unanimidad en la propia población. La retórica y la demagogia utilizada cada vez es más agresiva. El apoyo e involucramiento de Moscú es inocultable.
Irlanda ve venir una nueva crisis con la salida de Inglaterra de la Unión Europea, el Brexit. En tanto que la República de Irlanda no tiene problemas y ha progresado considerablemente por su pertenencia a la Unión, Irlanda del Norte ve dificultado su comercio por los aranceles que ahora tiene que afrontar, sintiéndose abandonada por Inglaterra.
Todos estos conflictos son parte de la guerra híbrida que Rusia ha emprendido contra la Unión Europea y la OTAN, alegando proteger su zona de seguridad. En caso de recurrir a la violencia o la fuerza armada, cualquiera de ellos puede detonar una respuesta parecida, de resultados impredecibles.