Muchos planes de obra pública para las vialidades y espacios públicos de la ciudad ostentan “priorizar” o “respetar la pirámide de la movilidad.” ¿A qué se refieren con esto?
La pirámide invertida es muy efectiva para comunicar las prioridades de una política pública; se entiende que sus peldaños superiores son tanto más importantes como deseables en la planeación, diseño y operación de, por ejemplo, un proyecto de movilidad urbana.
Si bien hay Pirámides de Movilidad que incluyen al transporte aéreo o a la gestión del agua, coinciden en que el caminar y pedalear deben priorizarse por sus beneficios sociales y ambientales, pero también porque estos medios suelen ser los más desprotegidos y desventajados al usar la vía pública. No obstante, la Pirámide se ha malinterpretado como un modelo segregador o como un checklist de infraestructura mínima. Mientras la pirámide de la movilidad no refleje una prioridad en la provisión de espacios y recursos públicos para los medios de traslado más activos, sostenibles y equitativos, tiene el riesgo de usarse como instrumento demagógico de un principio mal comprendido.