El peronista dirigente argentino había ofrecido a Vladímir Putin que Rusia entrara a América Latina a través de su país
Alejandro Gutiérrez
Mientras el Gobierno de Joe Biden ha anticipado el anuncio de su gran estrategia económica para la región Asia-Pacífico, en un intento de compensar la enorme influencia alcanzada por China, el presidente argentino Alberto Fernández, de gira en este país, ha anunciado una asociación de su país con el Gobierno chino que implica inversiones por 23 mil 700 millones de dólares, al tiempo que Argentina se adhiere a la ruta de la seda, el proyecto vertebral chino.
Unos días antes, el peronista dirigente argentino había ofrecido a Vladímir Putin que Rusia entrara a América Latina a través de su país. Esto, luego de despotricar contra el FMI, con el que unos pocos días antes había alcanzado un acuerdo para refinanciar su deuda de 44 mil millones de dólares y de la que no ha podido pagar sus obligaciones. Primero pidió prestado y ahora se lanzó contra sus acreedores.
Lo anterior refleja la creciente debilidad norteamericana en el mundo, algo que ellos mismos han forjado. El mejor instrumento para la contención de China era el Tratado Transpacífico, pero en 2017 Donald Trump decidió no firmarlo y retirarse de la negociación. Eso debilitó en forma incalculable la posición de Estados Unidos ante países como Japón, Corea, Australia y los americanos. El daño del populista de derecha a su país ha sido tremendo.
Tanto fue así que ahora un demagogo presidente de la corriente más populista de la que se tenga memoria, el peronismo, puede ser capaz de pretender abrir las puertas de América Latina, tanto a rusos como a chinos, sin que le pase nada. Argentina no solo está quebrada, empobrecida y en manos de ladrones y narcos, después de haber sido una de las economías más grandes del mundo, todo gracias a las políticas populistas y corruptas del peronismo.
Por si algo faltaba, el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, ha respaldado el proyecto de contrarreforma energética que pretende efectuar el Gobierno mexicano, a contrapelo de lo que ha buscado su Gobierno, de la visita de la secretaria de Energía y del gabinete vecino. Tanto ruido ha causado que ya se pide su remoción en su país.
Tiempos de declive y tiempos de confusión. Ninguna gran potencia perdió su poder de la noche a la mañana y eso tampoco es fatal. Pero la división que logró imponer el populismo en Estados Unidos y que no han podido superar, frente al creciente poder de sus adversarios, habla de grandes cambios, y no para bien.