La agresión rusa a Ucrania prefigura una nueva era. Las grandes potencias, las nuevas y las emergentes, juegan a diseñar un nuevo orden en el mundo y los resultados no se miran aún claros.
Hace 50 años, Richard Nixon explotó el cisma entre Rusia y China alejando aún más a los chinos de la metrópoli comunista. Lo que nunca calcularon Nixon y su consejero Henry Kissinger fue que China se elevaría un día al nivel de Estados Unidos y le desafiaría la primacía mundial. En cambio, un enorme acierto de Vladímir Putin fue volver a acercarse a los chinos hasta lograr una alianza de facto contra Estados Unidos. Tanto, que pudo llevar a todos los ejércitos que defienden las fronteras orientales rusas a Ucrania sin peligro de dejar la zona desprotegida.
La riqueza y progreso de Occidente han descansado en la democracia liberal y el libre mercado. El modelo fue adoptado por Europa para evitar más guerras entre sus países. Sin embargo, y a pesar de que Fukuyama denominó al modelo el “fin de la historia”, por supuestamente constituir la mayor evolución del hombre, la verdad es que el liberalismo se ve en retroceso en el mundo de hoy.
No solo es desafiado por los autoritarismos chino y soviético, también la emergencia de los populismos, tanto de izquierda como los que se denominan iliberales, al estilo de Bolsonaro, Orbán, Duda y el que se antojaba imposible: Trump. Todos ellos han puesto en duda la viabilidad del liberalismo clásico, para dar paso a nacionalismos, cierto nivel de autoritarismo, pero sobre todo a valores que el liberal no defiende, como la vida, la familia, la patria y el rol del Gobierno.
La Unión Europea no pudo evitar una nueva guerra en Europa y su adversario por décadas se repuso de los desastres de la disolución de la URSS, ahora enfrentando decididamente a las democracias de ese continente. A pesar de tantos signos y evidencias, Occidente no fue capaz de evitar la invasión a Ucrania y ahora enfrentará varias de sus consecuencias.
Las democracias occidentales más importantes, junto a países como Japón, Corea y Australia, que tienen los mismos modelos, habrán de diseñar la perseverancia de la democracia y el libre mercado, frente al par de potencias que desafían su preponderancia. El resultado constituirá el nuevo orden.
México tendrá que resolver el intento de volver al modelo autoritario y corrupto que rigió por 70 años; la diferencia es que hoy es una potencia media emergente