Las historias buenas en medio del terror que generó el caos en el Estadio Corregidora hablan de la posibilidad de reconstruirnos, reinventarnos, salir del bache anímico lo antes posible. Reconforta saber que no existen muertos y lo creo porque en los últimos días me entrevisté con personas que lo vivieron por dentro. Los paramédicos y las fuerzas del orden actuaron con la inmediatez adecuada tomando las decisiones que hoy cuentan un acto heroico. Sólo queda un hospitalizado, aún con pronóstico reservado.
El resguardo en los vestidores de los aficionados del Atlas gracias a la razón. El niño que con una amplia intuición, le dio su playera de Gallos firmada a una aficionada y que al final le salvó la posibilidad de ser golpeada junto con su pareja y el feliz encuentro al regresarle la camiseta.
Algunas familias que prestaron sus chamarras para sacar a otras familias del estadio. La solidaridad de los jugadores de Querétaro que se quedaron a calmar a la turba en la cancha. La señora que sufrió un cateo en su casa y al no estar su hijo, con el conocimiento de culpa, lo fue a buscar y con todo el dolor de su corazón fue a entregarlo a la fiscalía.
La utilización del “Doxing”, práctica identificada en redes sociales que se convirtieron en denuncias con fotos de los verdaderos agresores y que ayudó a su captura. Todo ello abonó para demostrar que Querétaro y su gente es más que esto.
Superemos este hecho traumático y nos toca seguir construyendo, con voluntad, trabajo y haciendo lo correcto.