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23 de marzo 2022

Alejandro Gutiérrez Balboa

En medio de la falta de objetividad para recibir y analizar noticias, fruto de la polarización causada por las políticas populistas que prevalecen en muchos de nuestros países del continente, una voz sensata es difícil de escuchar y menos de apreciar. La breve y reciente conferencia del expresidente Ernesto Zedillo es digna de atención por lo atinado de su diagnóstico.

Cuando describe al populismo, lo califica con precisión. América padece una oleada de gobernantes ineptos; antes que nada el populismo es ineptitud para gobernar.

Las políticas populistas suelen ser un desastre y Zedillo pone el ejemplo de la gestión de la pandemia. Ningún país populista gestionó la pandemia con prontitud, acierto y aseo. Por el contrario, y ahí están las cifras de muertes para demostrarlo. Muertes que se pudieron haber evitado. Ni Trump, con todos los recursos de la primera potencia económica mundial, fue capaz de tomar en serio la amenaza ni evitar la propagación y la muerte.

La pandemia trajo una contracción económica mundial pero debido al manejo de los gobiernos populistas, en los países con estos sistemas, la caída fue peor, brutal. Y el empobrecimiento mayor y generalizado. El populismo adora a los pobres y por ello los multiplica.

Debido a las políticas populistas, no duda en afirmar que nuestros países viven una (otra) década perdida. Y los dirigentes le echan la culpa del atraso y la pobreza a las políticas de reforma emprendidas anteriormente, pero que nunca fueron definitivas ni consensadas y por ello fracasaron. No lograron vencer los intereses creados de los pocos que han vivido de unos privilegios que afectan al resto de la población.

Pone la solución: liderazgos decididos y capaces que encabecen gobiernos responsables que dirijan políticas que pongan a los países en el camino del desarrollo y superación de rezagos históricos.

No hay que echar solamente la culpa a los populistas demagogos. Enfrente no se han tenido liderazgos creíbles, comprometidos, serios, decididos y a veces el escenario pareciera una lucha por ver quién es más populista y demagogo. Las políticas del populista suelen manejarse mediante un despliegue de propaganda asfixiante y por ello muchas personas son confundidas y llegan a creer hasta lo absurdo. Ahí tenemos como caso un aeropuerto malo, caro, parcial y mal hecho.

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