Una de las muchas consecuencias indeseables para Rusia de su invasión a Ucrania es la solicitud que presentarán Suecia y Finlandia de unirse a la OTAN. Una decisión que afecta directamente los intereses rusos en Europa y de defensa de su territorio.
Vladimir Putin ha argumentado consistentemente que el principal objetivo de su agresión a Ucrania ha sido el evitar que este país se uniera a la alianza atlántica, constituida por 30 países. Es muy probable que lo logre, pero a costa de que 2 de los países que se habían mantenido al margen de ella, ahora modifiquen su actitud y que la OTAN ahora sea una alianza de 32 países.
La queja rusa ha sido que la OTAN se expandió hasta sus fronteras, con la inclusión de los países bálticos, y de los anteriormente subordinados Rumania, Bulgaria, Eslovaquia efectuada el 29 de marzo de 2004.
Finlandia, una nación de 5.5 millones de habitantes, comparte 1,300 kilómetros de frontera con Rusia. Obtuvo su independencia de Rusia en 1920 y a principios de la Segunda Guerra Mundial se negó a las demandas soviéticas de ceder territorios a su vecino y de permitir en su territorio la instalación de bases militares, exigidas por Stalin. Por ello fue atacada el 1 de diciembre de 1939 en lo que se denominó la Guerra de Invierno, que culminó el 13 de marzo de 1940, teniendo que ceder a algunas de las demandas rusas después de haberle proporcionado humillantes derrotas y pérdida de material.
Desde entonces, Finlandia ha mantenido una actitud neutral, misma que ve amenazada por la invasión a Ucrania.
Viéndose en ese espejo, Suecia ha anunciado discusiones para tomar una posición similar lo antes posible. Suecia, con 10.3 millones de habitantes, también había mantenido una actitud de neutralidad por mucho tiempo, política que hoy revisa ante la nula garantía de manutención del status quo prevaleciente durante la guerra fría y los primeros 20 años del siglo XXI. La palabra de Putin no vale nada en Europa.
Las decisiones de Finlandia y de Suecia habrán de tomarse tan pronto como en el próximo verano y, de confirmarse, constituirán una derrota estratégica en los afanes geopolíticos rusos, además con una cuota altísima de bajas en hombres y de material causados por la persistencia ucraniana en defender su territorio.