El resultado de la guerra de Ucrania será decisivo en la conformación de los bloques que contenderán en el futuro inmediato en el mundo.
En efecto, la Unión Europea ha cerrado filas en torno a un modelo político de democracia liberal, libre mercado y de defensa común, aliada de Estados Unidos, frente a los afanes imperiales y las obsesiones de defensa en Rusia. Esto tiene tres aspectos centrales: una tolerancia momentánea a regímenes iliberales en Hungría y Polonia; una dependencia energética aún no resuelta para con Rusia, y la emergencia de China como segundo actor económico y militar, ante un eventual debilitamiento, o aún colapso, de los afanes hegemónicos rusos.
Si bien la globalización comercial y tecnológica no ha sido ni será frenada del todo, sí se prevé que pasará por una etapa no universal, sino de bloques. El bloque europeo se está fortaleciendo ante la agresión a Ucrania y ni Rusia ni China se perciben como cabezas o ejes de otros bloques, a pesar de los intentos chinos por influir en África, Sudamérica y hasta Europa.
Países emergentes como India, Brasil, Egipto, Turquía, Saudiarabia o Israel, si bien serán clave en la inminente geopolítica de bloques, aún no han logrado afianzar modelos políticos ni económicos duraderos y estables
Una enorme oportunidad para esta geopolítica ha venido surgiendo desde hace varios años en América del Norte (Canadá, Estados Unidos, México y otros vecinos que se sumen), especialmente en lo económico, lo tecnológico y en temas de seguridad. El bloque de Norteamérica tiene todo para ser el más grande y exitoso del mundo, por lo que enfrenta varios adversarios.
Los afanes populistas del tipo Chávez/Maduro, Evo Morales, Gabriel Boric, Pedro Castillo, Lula da Silva, Cristina Kirchner, como cada vez más evidentes herramientas castristas, con su Foro de Sao Paulo, no sólo no han traído riqueza, crecimiento y progreso a sus países, sino que sólo han servido para pauperizarlos y para apuntalar a la tiranía cubana. En todos estos países donde han ocupado el poder, el reloj del progreso se ha retrasado, la corrupción se ha enseñoreado y las instituciones han sido carcomidas.
América Latina no ha podido configurar un bloque detonador del crecimiento y bienestar, sino lo contrario. Para México resulta vital mirar al futuro y no a los modelos pauperizadores y antidemocráticos de muchos de sus vecinos del sur.