En las páginas iniciales del más famoso texto de Sun Tzu refiere que lo más importante en una guerra es combatir la estrategia de tu enemigo. Y justo parece que desde el oficialismo se lleva a la práctica y con mucha disciplina esta recomendación.
La sucesión adelantada es una de muchas tácticas para minimizar y desgastar la monotemática narrativa de la Alianza Va por México sustentada en señalar y culpar al gobierno de todos los males del país.
Hablar y adelantar los tiempos de la sucesión presidencial para 2024 es uno de los distractores de mayor rentabilidad mediática. No hay quien se resista a opinar, fijar su atención y actuar en consecuencia sobre el tema.
Tal parece que los dirigentes partidistas de oposición han mordido el anzuelo en esta cuestión y una parte de su atención está centrada con mayor énfasis en generar una gran alianza y buscar a la mejor candidata o candidato que les permita derrotar a Morena y olvidar el encontrar las debilidades del gobierno en turno.
Esta necesidad de sumar acuerdos, voluntades aliancistas y el reparto de candidaturas para los estados de la República y cargos de elección popular se intensificará y podría desviar aun más la atención a la rendición de cuentas y evaluación de las macro políticas públicas del país.
Los partidos de oposición con la sucesión y con los acuerdos preparatorios abandonarían complemente cualquier tipo de cooperación, contrapeso para actuar directamente en confrontación electoral con Morena y sus candidatos. Solo que la oposición olvida que el terreno electoral es el más dominan en Palacio Nacional desde hace ya varios años.
Sentencia el aforismo que “Hay que luchar y combatir en el campo de batalla donde seas más fuerte”, y la estrategia de oficialismo es justamente ese, llevar al PRI, PAN y PRD al ámbito electoral, al terreno de la sucesión presidencial 2024.
Líderes de opinión, columnistas, articulistas, casas encuestadoras y todos los involucrados en los asuntos político electorales del país incentivan esta distracción con la creación de escenarios, adelantar análisis, construir contextos hipotéticos.
Todos estos flujos informativos tienen un origen y son motivados desde la táctica narrativa presidencial para no solo generar eventos de alto impacto mediático, sino también para obligar a la propia estructura gubernamental a desarrollar una gran estrategia de campaña permanente que contemple la construcción y administración de percepciones rumbo al 2024.
Sin embargo, toda estrategia tiene debilidades. Ninguna es infalible. Se corre el riesgo de poner a las y a los aspirantes en competencia interna temprana, a buscar el tras pie y el error del compañero de gabinete. La sucesión es táctica distractora pero también fomenta la división, la ruptura y el desgaste entre ellos.
Obliga a que todos los aspirantes también se vean distraídos de sus funciones de Estado y de Gobierno al generar una doble agenda de comunicación gubernamental y a construir atlas de riesgos internos y externos para sobrevivir hasta el final y no ser pilladas o pillados distraídos.