En la historia de las campañas presidenciales en México se han documentado procesos electorales desde comicios con un solo candidato hasta campañas de más de 4 años, como el actual, un proceso sucesorio adelantado, iniciado a mitad de un sexenio.
Este proceso de renovación presidencial será recordado por la pasividad de las instituciones responsables en la materia. Estos órganos fueron tan permisivos con los actores políticos que aprovecharon los vacíos de la ley y dieron cabida a la campaña electoral presidencial más larga de la historia y a la más polarizante.
Si bien fue desde el Ejecutivo donde se dio el banderazo político oficial sucesorio, las y los aspirantes sin recato alguno capitalizaron la coyuntura y las omisiones y tibias decisiones de la autoridad competente.
Desde el Senado y en las secretarías de Estado se construyeron, con sospecha de uso de recursos públicos, los escenarios que hoy los medios de comunicación nacionales e internaciones consignan a diario: campaña adelantada.
No hubo aspirante que no tuviera impactos mediáticos asegurados desde sus cargos anteriores para llegar bien posicionados al momento actual. No faltó quién utilizará la comunicación gubernamental y sus recursos asignados para transformarla en una campaña electoral permanente.
La guerra sucia, juego de alianzas, complicidades y cofradías fueron las constantes del juego que aún no comienza de forma constitucional, pero que desde meses es más que evidente.
La oposición, aunque tardía en visibilizar aspirantes formales, también jugó al destape previo desde los gobiernos estatales y desde las cúpulas partidistas o empresariales. El hecho que, desde el ejercicio del poder, los mantuviera a raya y contuviera sus aspiraciones no las y los excluyó de sus actos adelantados de campaña.
Hoy con la justificación de organizar procesos internos y realizar comités de defensa partidista tanto oficialistas como opositores recorren el país sin recato alguno.
Los progobierno renunciaron a sus cargos públicos, pero hasta presentan propuestas en materia de política pública. Las y los opositores no dejaron sus puestos, devengan sueldo y prestaciones, pero aun así manifiestan a los cuatro vientos que son profundamente respetuosos de la Constitución de las leyes electorales.
Ellas y ellos piden firmas, colocan espectaculares, se inventan periódicos y revistas de alto proselitismo disfrazados de noticia y periodismo, utilizan inteligencia artificial, pagan granjas de robots en redes sociales e inundan el país con espectaculares.
Sus rostros e imágenes están por doquier y en las portadas de los diarios nacionales; sus nombres inundan reiteradamente renglones en artículos y columnas de opinión.
Encuestas es lo que sobra en estos momentos, la industria de la medición de la opinión pública parece que vive un momento de auge comercial. Un partido elegirá su candidata o candidato presidencial por ese método, los opositores también las contratarán, aunque sus resultados no sean tan decisorios.
La comunicación de gobierno federal y de las entidades federativas se ha tornado monotemática: Comunicar para sumar o restar votos. Los partidos políticos a pesar de tener en puerta la renovación del Congreso y varias gubernaturas solo hablan de una cosa: ganar la campaña presidencial más larga de la historia de México.
Apunte del consultor
A pesar de meses y meses de estar en campaña hay algunos aspirantes hombres que no más nunca levantaron el vuelo. No cabe duda que las áreas de comunicación legislativa no comparan simpatía ni carisma.