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6 de julio 2022

Alejandro Gutiérrez Balboa

Resulta muy difícil calcular el poder nacional de un país y un claro ejemplo de ello es la guerra de invasión de Rusia a Ucrania. Vladimir Putin calculó que en un mes podría poner de rodillas a los ucranianos y arrebatarles las provincias de Donetsk y Luhansk. No lo ha logrado y el costo cada día que pasa le resulta más y más elevado en vidas humanas, en material de guerra y en derrama económica.

El poder nacional de un país no es solamente con cuántos cañones, aviones de combate y barcos de guerra cuenta; también hay que incluir el tamaño de su economía, de la población, qué tan unida está la ciudadanía, que tan popular es su gobierno y algo muy difícil de calcular: cuánta voluntad de resistencia tiene su población. Además hay que tomar en cuenta, al igual que como con Ucrania, de ´su poder potencial, esto es, de cuántos aliados tiene y qué tan dispuestos están para ayudar o hasta para aliarse en su propia causa. Al margen del resultado final de esa guerra, Putin ya consiguió que Noruega y Finlandia se unan a la OTAN, algo que habían podido evitar durante décadas. Ya no consiguió el objetivo de alejar a la OTAN de sus fronteras. Falló en sus cálculos.

En México tenemos un presidente con muchísimos traumas y complejos, un hombre vengativo, mitómano, de odios muy arraigados e incapaz de hacer aliados. Pero, lo más grave, un hombre que lejos de incrementar o siquiera de conservar el poder nacional, lo ha minado, lo ha estado disminuyendo, haciendo muy vulnerable al país.

Con el enorme logro de transferencia de tecnología de punta y ésta no norteamericana, la Marina Armada de México pudo construir en astilleros nacionales un nuevo tipo de fragata, un buque de vanguardia que iba a ser el primero de una serie de 8, al tiempo que iba a sustituir buques ya muy viejos y obsoletos, casi todos de tecnología norteamericana. El plan era genial y ambicioso, pero el actual gobierno detuvo todo.

No se continuó con la construcción de los buques más potentes y vanguardistas y se ha olvidado el poder marítimo, en aras de derrochar dinero en programas pretendidamente sociales y que sólo tienen el propósito de afianzar clientelas electorales para asegurar la permanencia en el poder de la secta más corrupta que haya gobernado al país.

Ya no diremos nada del poder terrestre o del aéreo, igualmente postergados.

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