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24 de agosto 2022

Alejandro Gutiérrez Balboa

Las imágenes impresionan. Enormes edificios, unos 15, demolidos con cargas de dinamita en tan solo 45 segundos en la ciudad sureña china Kunming, consecuencia del abandono y el deterioro, pero sobre todo, de la crisis inmobiliaria que padece el país desde hace tiempo y que anuncia un inesperado frenado en su economía.

Durante varios años, el crecimiento económico de China asombró al mundo. Tasas de más del 10% anual sostenido por largas temporadas eclipsaron las principales economías, al tiempo que permitieron sacar de la miseria a cientos de millones de chinos, amén que perfilaban al país como la segunda economía mundial, le permitían crear una infraestructura imponente y consolidaban su poderío militar. El poder e influencia chinos se proyectaron alrededor del mundo.

Hoy, eso ha cambiado. Las predicciones para este año anuncian un crecimiento de tan sólo 3.3%. Las causas se precipitaron con las restricciones obligadas de la pandemia, pero no se puede culpar a ésta. Y lo peor es que se prevé que este estancamiento durará varios años, con tasas no mayores al 2 o 3%.

El envejecimiento y la restricción a un solo hijo por pareja durante décadas hoy cobre sus réditos; se espera que para 2100 el país tendrá menos de la mitad de la población actual. En China no hay suficiente generación de empleo y 1 de cada 5 jóvenes chinos busca trabajo; en las grandes ciudades el desempleo en gente joven ronda el 20%.

China es uno de los mayores importadores de materias primas, pero esto está cambiando y la caída de su demanda impactará a los exportadores alrededor del mundo. Su producción de acero y cemento se ha reducido lo que, junto a la crisis inmobiliaria, ha impactado el conjunto de la economía.

Para noviembre se celebrará el XX congreso del partido comunista y, a diferencia de muchos equipos de futbol en crisis, no despedirá al entrenador, sino que se consolidará el poder del dirigente Xi Jinping.

Las consecuencias son relevantes: disminuirá la presencia e inversiones chinas alrededor del mundo, bajará su impresionante construcción militar, particularmente la naval; China no desplazará a Estados Unidos como primera potencia económica y su influencia disminuirá, además que se generarán problemas domésticos por las expectativas no cumplidas y promesas que no se volverán realidad para una juventud demandante, engañada y frustrada.

 

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