Hablemos del uno o dos en el ranking de la historia del tenis mundial, Rafael Nadal Parera, el manocorí español que sigue jugando un tenis espectacular a sus 36 años y con una lesión que a muchos ya les hubiera causado el retiro. Apenas se acaba de jugar la primera y segunda ronda del Abierto de los Estados Unidos y me enfocaré en lo que vi en el duelo entre Nadal y el australiano Rinky Hijikata, de rasgos faciales japoneses, pero compite por Australia, formado como tenista en los Estados Unidos en la Universidad de California del Norte.
Con sus 21 años, el joven llevó el partido 4 sets también y más dos horas con un juego técnicamente espectacular ofreciendo una mentalidad ganadora a prueba de fuego. Cuando llegó el cuarto set y se puso el marcador 5-3 con el saque del australiano, Nadal tuvo 4 posibilidades para llevarse el partido (Match Point) y no pudo.
El joven, por cierto invitado al torneo, puso resistencia, le jugó al tu por tu a la leyenda española, sacando tiros inverosímiles, incluso obligando a jugar mal al español. Rafa por su parte empezó a honrar el juego de su rival, identificó que había que tratar al joven como si estuviera jugando con el 1 o 2 del mundo. Nadal sacó tiros propios de su repertorio y grandeza, festejó puntos como si estuviera ganando el propio “US Open” o algún otro gran slam.
Al final, se impuso el de Mallorca 4-6, 6-2, 6-3 y 6-3 y cuando se despidió Hijikata de la cancha central del complejo Billie Jean King, el joven fue aplaudido por el propio Nadal seguido del respetable. Esto nos deja dos aprendizajes importantes, ayer el tenis mundial volteó a ver el surgimiento de una próxima estrella, apuntemos el nombre del australiano.
Y segundo, Rafael Nadal volvió a ser el tenista de mentalidad fuerte, que destruye al rival con una excelsa ejecución tenística y volvió a ser el hombre humilde que reconoce con humildad a sus rivales para seguir sumando campeonatos. Nadal a sus 36 años, increíblemente está para vencer el tiempo y destruir el tiempo.