Una nueva escalada de amenazas proferidas por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan advirtiendo de una acción militar en contra de Grecia coloca en tensión a dos países vecinos, ambos miembros de la OTAN, para deleite de un Vladímir Putin estancado en su agresión contra Ucrania. Para entender esta escalada, hay que considerar algunos antecedentes.
Después de las Guerras Balcánicas (1912-1913), el hasta entonces Imperio Otomano fue expulsado de Albania, Montenegro, parte de Serbia, parte de Bulgaria y parte de Grecia. Al estallar la Primera Guerra Mundial, el mismo Imperio fue aliado de Alemania y Austria-Hungría; al ser derrotados, tuvo como consecuencia que se desmantelara una enorme parte de su territorio y surgiera la actual Turquía.
Francia, Italia e Inglaterra permanecieron en buena parte de esos territorios dando origen a nuevos países (Siria, Líbano, Irak y Arabia Saudita), si bien bajo mandato de las potencias triunfadoras.
Después, al finalizar la Primera Guerra Mundial, de 1919 a 1922, se llevó a cabo una guerra griego-turca, con la pretensión griega de ocupar parte de la actual Turquía, en Esmirna, así como de echar a los turcos de Europa con la conquista de Estambul, lo que no lograron porque las potencias vencedoras de la Gran Guerra no se lo permitieron.
Hoy, la geopolítica en esa región ha cambiado en propósitos e intereses. Turquía reclama parte del territorio insular griego en el mar Egeo por la riqueza de su subsuelo. Por otra parte, el desarrollo tecnológico militar turco ha crecido en años recientes y ahora un populista Erdogan reclama un mayor “espacio vital” para su país, muy en sintonía con los intereses rusos, lo que incluye la construcción y paso por Turquía de gasoductos hacia Europa, para suplir los que atraviesan Ucrania.
Adicionalmente, Erdogan le ha jugado las contras a la OTAN, de la que forma parte, adquiriendo armas rusas. Recientemente ha condicionado el ingreso a la alianza de Suecia y Finlandia, pero el bloque militar atlántico no puede darse el lujo hoy de permitir que Turquía abiertamente pase a formar parte del bloque ruso.
Tarde o temprano, Erdogan llevará a Turquía a desertar de la OTAN, por lo que sus opositores habrán de intervenir para sacarlo del poder o resignarse a ser echados de Europa y perder la antigua Constantinopla y los estratégicos estrechos turcos.