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28 de junio 2023

Alejandro Gutiérrez Balboa

Varias lecciones deben surgir del breve sainete escenificado por el líder del grupo Wagner y la dirigencia militar rusa. Se debe considerar ante todo que el grupo dirigido por el supuestamente rebelde Yegveny Prigoshin fue una de las mejores herramientas de la guerra híbrida desarrollada eficazmente por los rusos en varios escenarios del mundo, incluso las elecciones presidenciales en EEUU de 2016.

Al margen de si Putin estaba al lado del líder de Wagner o frente a él, el lamentable papel de la dirigencia militar rusa en Ucrania cada día es inocultable. A año y medio de la invasión (que Putin calculó de pocos días de duración), hoy la ineficacia militar rusa, acremente censurada por Prigoshin, ha dado paso a una contraofensiva ucraniana. Tanto el ministro de defensa ruso como el comandante en jefe del ejército, a pesar de haber sido acreditado éste como todo un teórico de la guerra híbrida, han quedado como unos incompetentes.

Otra lección es la que deja al mismo Putin en un papel muy vulnerable, al grado de dudarse si será depuesto tarde que temprano. Como sea, ver en Moscú tanques y preparativos de combate revela una enorme debilidad y un control endeble del gobierno ruso. Las pugnas entre los factores de poder son ya inocultables, y han llegado al extremo de una amenaza tangible de golpe de estado.

Con la rebelión de Wagner, alrededor de todo el planeta se han publicado sus “hazañas”: una fuerza irregular, no convencional, mercenaria, instrumento de la política de Putin y dirigida por un viejo amigo, ex convicto que, de la noche a la mañana se volvió un potentado oligarca a la sombra de su protector. Toda una herramienta del trabajo sucio que, por otra parte, resultó más eficiente en Ucrania que el ejército regular.

Igualmente, la rebelión de Wagner ha dejado al descubierto las simpatías que su dirigente tiene en las propias fuerzas armadas rusas, en la burocracia, en los grupos dominantes y hasta en el pueblo. Con ello, el poder y aceptación que Putin presumía, se ha diluido ante esta realidad.

Con lo acontecido, los resultados finales se posponen, pero no por mucho tiempo. El gobierno ruso muestra profundas fisuras y rivalidades; hoy Rusia se parece más a una república bananera centroamericana o africana, que a la supuesta tercera potencia mundial. El gran vencedor de todo esto es Ucrania. Si alguna oportunidad tenía, es precisamente hoy, gracias a errores de cálculo e ineficiencia rusa.

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