Se ha repetido hasta el cansancio que, para la economía de Estados Unidos, imponer aranceles a productos mexicanos, sería darse “un balazo en el pie”. También se ha comentado que la personalidad de Donald Trump, particularmente de este Trump recargado, no repara en lo que es bueno o malo para su país, sino para sus convicciones personales y de su movimiento populista, más que republicano – conservador.
Lo cierto es que sin imponer aún aranceles, sin el balazo en el pie y con una agenda populista cuya promesa no sólo fue detener de inmediato el aumento de los precios de los productos y servicios en Estados Unidos sino de bajarlos, se complica cada vez más la posibilidad para la superpotencia de comenzar una guerra comercial con sus socios de Norteamérica.
Esa realidad a la que me refiero aterriza en el dato dado a conocer por el Departamento del Trabajo del gobierno de Estados Unidos, en el que la inflación creció en un 3% en el mes de enero, lo que quiere decir en este particular que para los norteamericanos pagar productos como autos usados, seguros, gas, huevo, renta, comida y servicios de cuidados personales, entre otros es 3% más caro que en enero de 2024.
Esta noticia se da el primer mes del gobierno de Trump, quien dijo que a su llegada los precios bajarían y que se ha llenado la boca de amenazas a diversas economías del mundo, en diferentes regiones, siempre poniendo los aranceles por delante como arma en contra de sus principales socios comerciales, como México, China y Canadá. Destacados analistas en materia económica allá, han advertido del efecto inflacionario que estos aranceles traerían a los consumidores en la Unión Americana, quizá algo que el propio Trump no ignora, pero que su estilo de negociación es así, amenazar, orillar y sacar algo a cambio de nada.
La inflación representa un gran contrapeso interno para el actual gobierno de Estados Unidos en su valoración de imponer costos adicionales a las importaciones de productos a su país. El propio banco central, la FED, había decido, antes de la noticia del aumento de precios en enero de 2025, frenar el recorte de la tasa de referencia, que había bajado ya tres veces entre septiembre y diciembre, anticipándose ahora que en la próxima reunión del Comité Federal de Mercado Abierto la tasa volverá a quedarse en el rango de 4.25 y 4.50%, con lo que el precio del dinero permanece todavía caro.
Más aún y por lo que toca a la política migratoria, donde los mexicanos ocupan el primer lugar en migración legal e ilegal, sería, refiriéndonos particularmente a la segunda, prácticamente imposible cumplir con una meta de deportación histórica sin de paso perjudicar directamente a las empresas e industrias en Estados Unidos encareciendo sus costos de producción y prestación de servicios, ya que los migrantes ilegales son fundamentales para prestar servicio bueno y a precio accesible en diversos sectores económicos de Estados Unidos, como el de la construcción, en el agro, en el de hospitalidad, así como en los de transporte, limpia, servicios de salud y de cuidado de personas mayores.
Así, al margen de la posición inteligente, cauta y prudente de la Presidenta Claudia Sheinbaum, la tendencia de aumento de precios que no cede del todo, será el principal aliado de México y otros países para que sea la propia presión de sus votantes y de poderosísimas empresas cuyos intereses se ven directamente afectados, los factores que contendrán estas amenazas arancelarias, que de haber sido aplicadas serían muy duras para México, pero que no sin afectar a los propios ciudadanos norteamericanos que aún no logran pasar el trago amargo del aumento de precios en su día a día.