Marzo se ha convertido en símbolo y recordatorio de la necesidad de asegurar los derechos femeninos. La primera marcha por el Día Internacional de la Mujer tuvo lugar en Europa en 1911 y, desde 1975, la ONU conmemora este día. No obstante, fue hasta 1977 que el 8 de marzo se proclamó oficialmente.
En 1848 arranca el movimiento por los derechos civiles, sociales y políticos de las mujeres, liderado por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott en Nueva York. En 1851, Sojourner Truth, abolicionista afroamericana y defensora de los derechos de las mujeres, destacó, a través de su discurso «¿Acaso no soy una mujer?», la doble discriminación que enfrentaban las mujeres negras, tanto por género como por raza. En 1893, Nueva Zelanda detona el movimiento sufragista al convertirse en el primer país en otorgar el derecho al voto a las mujeres. En 1946, en la sesión plenaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Eleanor Roosevelt lee la Carta abierta a las mujeres del mundo, donde se insta a las mujeres a participar en asuntos nacionales e internacionales.
Es en los años 70 cuando surge el movimiento 8M en México. Desde entonces, el movimiento ha crecido en tamaño y visibilidad, remarcando los desafíos que enfrentan las mujeres mexicanas. Legislativamente, la Ley Ingrid y la Ley Olimpia son resultados directos del activismo feminista. Hoy, México tiene su primera presidenta, 71 años después de que las mujeres mexicanas obtuvieran el derecho al voto.
A pesar de los avances, es crucial educar sobre los derechos de las mujeres y combatir la violencia de género. Reducir feminicidios y desapariciones requiere leyes estrictas, autoridades capacitadas, apoyo a víctimas, investigación especializada, participación comunitaria y monitoreo continuo. Visibilizar los problemas de género promueve políticas públicas para la equidad y la justicia.