El 2027 habrán de renovarse 16 gubernaturas en el país, se trata de la mitad de los ejecutivos estatales donde de estos sólo 4 son gobernados por partidos diferentes a Morena, aunque uno ha trabajado en buena medida aliado al concepto de la 4T, el Partido Verde, lo que dejaría prácticamente en la mira del partido gobernante a nivel nacional a tres entidades con el objetivo de obtener la victoria: Nuevo León, hoy gobernado por MC y Chihuahua y Querétaro pintados hoy de azul.
Para los Estados gobernados por Morena, será un reto refrendar la confianza de los electores, en lo que debe entenderse como la evaluación del trabajo de sus gobernantes, resultados, buena selección de candidatos y otros factores locales que determinarán si estas entidades continúan bajo el liderazgo de mujeres y hombres del partido que hoy domina en más de dos terceras partes de las entidades del país.
Se trata de elecciones intermedias, es decir que no está empatada con la elección presidencial y que, por esta situación, tiene otro tipo de dinámica, donde el arrastre de los candidatos locales no proviene de la fuerza de la persona que encabeza la contienda presidencial, como fue en el 2018 Andrés Manuel López Obrador o en 2024 Claudia Sheinbaum. Las elecciones intermedias se hacen a base de liderazgos con peso propio y nombre en lo local, subsistiendo siempre la disyuntiva clásica de las elecciones, cambio o continuidad. Ahí el reto donde Morena vaya como oposición.
En el caso de Chihuahua y Querétaro, gobernados por el PAN, serán contiendas que presentan retos para el partido que las gobierna y para Morena como la segunda fuerza política local, quien ya ha obtenido avances importantes en cargos municipales, congreso local y federal, pero que ninguna de estas dos entidades ha sido gobernada por un partido de izquierda, aunque todo indica que hay una gran probabilidad de lograrlo. Si bien en el discurso los referentes panistas en estas entidades se resisten a aceptar toda posibilidad de cambio, lo cierto es que serán los ciudadanos en las urnas los que tengan la última palabra, ya que cuando la ola de cambio viene fuerte, es muy complicado contenerla, ejemplifico.
¿Cuántos gobernantes no han puesto su máximo esfuerzo, recursos -algunos ilegales-, operación política, programas electoreros y más para que ganen sus candidatos? Por ahí del año 2018, Miguel Angel Yunes Márquez fue designado candidato a gobernador del PAN por el Estado de Veracruz, al mismo tiempo, su padre, Miguel Angel Yunes Linares, era el gobernador del Estado. ¿Habrá un caso donde el gobernador en turno hubiera tenido un mayor interés en dejar a su sucesor, su propio hijo? ¿En apoyarlo para que la derrota no fuera sólo del partido o del candidato, sino del gobernador mismo, de la familia y de su hijo? Se trataba de la continuidad no solo del proyecto sino del poder. Yunes Linares, viejo lobo de mar, con grandes recursos a su alcance, estructura gubernamental disponible para operar la elección, una presidencia de la República que no se involucraba. Esa elección, a pesar de todo, de los intereses, del vínculo de sangre entre gobernador y candidato a sucederlo, se perdió, y no por poco, sino por más de 10 puntos porcentuales, elección donde por cierto el PAN se alió con MC. Este es uno de los ejemplos más drásticos, por el vínculo familiar, pero como estos casos debe haber en la política de nuestro país muchísimas sucesiones que simplemente no se dieron no por falta de empeño del gobernante en turno, sino porque los electores no acompañaron ese interés.
Así, no es solo el deseo del gobernante en turno lo que define, tampoco lo es usar palabras grandilocuentes como “gran maquinaria”, “avasalladora estructura”, “aplanadora”, “recursos ilimitados” y otras, sino la voluntad de cambio de la gente que vota, a veces por hartazgo, en otras solo la probar otras alternativas, que permiten al elector mantener el control de la decisión, al margen de voluntades gubernamentales, partidista o incluso de buenos gobiernos que no pasan la prueba del refrendo. Si fuera sólo tema de los deseos del gobernante, pues simplemente en este país jamás habría habido alternancias de poder entre partidos, jamás se hubiera ido el PRI, nunca hubiera llegado y salido el PAN, tampoco hubiera llegado Morena.