En esta Semana Santa, mientras algunos meditan sobre la redención, la Junta de Agua Potable y Alcantarillado Municipal (JAPAM) de San Juan del Río hizo un pedido más terrenal: salvar el agua potable. La JAPAM recordó que el despilfarro no solo es pecado, sino una falta administrativa. Las multas oscilan entre $1,697 y $217,228 pesos, porque nada dice “responsabilidad ciudadana” como una amenaza al bolsillo. Y si reincides, prepárate para hipotecar tu alma: hasta 31 mil 15 UMAS. Sigamos el mandamiento hídrico: no desperdicies, reutiliza y cierra la llave.
CONTAMINADO
El Río Querétaro no solo lleva agua, también el flujo de al menos 120 descargas contaminantes que lo han transformado de arteria vital en cloaca estatal. Según el informe del Museo del Agua, titulado Deterioro Silencioso, los tres principales ríos de la cuenca son víctimas de una negligencia flagrante. Mientras las autoridades federales y estatales justifican millones de pesos gastados en “saneamiento” entre 2011 y 2023, el río clama por un milagro que no llega. Las sanciones, tan ausentes como la voluntad política, permiten que la contaminación prospere mientras la salud pública y el ecosistema se ahogan. Así es este Querétaro de contrastes.
AMBIENTALISTAS
El incendio que devoró El Cimatario y El Tángano no solo calcinó hectáreas, sino que encendió la furia de ambientalistas que exigen lo obvio: investigar, sancionar y, por amor a la naturaleza, hacer algo que funcione. América Vizcaíno y Teresa Roldán demandan, desde un diagnóstico serio hasta presupuestos que no se queden en el papel. La propuesta es sensata: brechas cortafuego, personal capacitado, equipo que no sea de museo y un candado de 20 años contra los voraces cambios de uso de suelo. Que arda la voluntad política, por favor, antes de que no quede nada que salvar.