Dr. Niko Alain Cruz Sancen/Profesor-Investigador Universidad Anáhuac Querétaro.
La Cuaresma es un periodo de reflexión y abstinencia que suele implicar cambios alimentarios, como reducir el consumo de carne roja y aumentar el de pescado, mariscos, frutas, verduras y leguminosas. Aunque estos ajustes pueden ser saludables, es importante cuidar la seguridad alimentaria para evitar enfermedades.
El consumo de mariscos crudos o poco cocidos puede implicar riesgos por bacterias como Salmonella y E. coli, virus como el Norovirus y la Hepatitis A y parásitos como el Anisakis o la tenia de los peces. Cocinar bien los alimentos y congelar en condiciones seguras ayuda a prevenir infecciones, especialmente en personas vulnerables como niños, adultos mayores, embarazadas o inmunodeprimidas.
Para prevenir la contaminación de los alimentos y evitar la proliferación de microorganismos, es útil considerar factores como la humedad, el tiempo sin refrigeración, la temperatura y el contacto con oxígeno. Por ello, es clave refrigerar de inmediato, cocinar bien, mantener los alimentos secos y evitar la contaminación cruzada.
Por otro lado, la alimentación típica de la Cuaresma puede ser muy benéfica: el aumento en el consumo de verduras, frutas y leguminosas aporta fibra, que actúa como prebiótico y fortalece la microbiota intestinal. El pescado, especialmente el azul, es fuente de ácidos grasos omega-3, conocidos por su efecto antiinflamatorio y por favorecer la salud digestiva e inmune.
Comer con conciencia no solo previene riesgos, también promueve el bienestar integral.