Estamos siendo testigos de uno de los episodios más peligrosos y vergonzosos de este sexenio. Y no exagero al decirlo: lo que Morena está haciendo en este periodo extraordinario de sesiones en las Cámaras de Diputados y Senadores es una embestida en contra de la libertad, de la privacidad y de los derechos más básicos que tenemos como ciudadanos y ciudadanas.
Usando el miedo de millones de mexicanas y mexicanos por la crisis de inseguridad y de desapariciones que se vive a nivel nacional, el gobierno federal decidió consolidar el aparato de vigilancia más grande en la historia del país. Lo están haciendo con prisa, en la madrugada y en lo oscurito.
Ahí están sus prioridades: no es el bienestar de las madres buscadoras, no es la justicia para las familias que viven la tragedia de un desaparecido. Es aprovechar el dolor ajeno para lucrar políticamente y avanzar en su proyecto de control total.
Porque no nos engañemos: la llamada “Ley Espía” no es una sola ley, son cuatro reformas que aunque por nombre no lo parezcan, están perfectamente diseñadas para lo mismo. La Ley en materia de Personas Desaparecidas, la Ley General de Población, la Ley de Telecomunicaciones y la Ley del Sistema Nacional de Investigación e Inteligencia son piezas de un mismo engranaje.
Su argumento de que esto resolverá la crisis de seguridad simplemente no se sostiene. Que se atrevan a decirlo de frente. Estoy convencido de que si la ciudadanía supiera todo lo que están haciendo, les diría que no.
Porque además, mientras aprueban esto, desaparecen al Coneval, el órgano que medía si las políticas públicas funcionaban o no. Les estorbaba saber cuántas personas salían o entraban a la pobreza, así que mejor lo eliminaron. Y con la desaparición del INAI y la captura del Poder Judicial, ya no queda ningún contrapeso para denunciar estos abusos.
Esto no es democracia. Es un despropósito que debe detenerse. No se puede legislar en la madrugada leyes de este calado. No se puede traicionar así a México.
Se están comportando como verdaderos neofascistas, autoritaristas con estado centralizado y militarizado, con limitaciones a las libertades civiles y políticas y ¿qué sigue? ¿La represión a la disidencia? Menosprecian los procesos democráticos convirtiéndolos en un circo para el pueblo, y hoy gracias a esta Ley Espía ya van por el control social de la ciudadanía.
Porque el día que normalicemos que la libertad y la privacidad se entregan a cambio de promesas vacías, ese día habremos perdido mucho más que una votación. Habremos perdido la República.