No mentir, no robar y no traicionar al pueblo: una de las frases que construyeron el camino al poder del partido gobernante. Están por cumplir 6 años con 8 meses en el poder, donde lo único confirmado, es el refrán que dice que del dicho, al hecho, hay un enorme trecho.
México partía de una realidad compleja en 2018, que no ha hecho más que agravarse, entre un contexto global impredecible con pandemias y cambios políticos, y un contexto nacional dominado por los intereses políticos y delincuenciales más desdeñables.
El no mentir se quedó en el camino, intentando alterar la realidad que vive el país, desde conferencias de prensa a modo: hablar de medicinas que no llegan, presumir una seguridad que no vivimos y jactarse de la integridad, que los hechos no sostienen.
Las ganas de robar, no las aguantaron: hacen negocios con las obras públicas de mayor sobre costo en la historia del país, y hoy viven y viajan con los lujos que juraron desterrar.
La traición al pueblo, se consumó: no solo fue incumplir con lo que se prometió, sino aliarse tan abiertamente con el peor de los males de la nación: la delincuencia.
Las buenas intenciones, si es que las hubo, en eso quedaron.