El derecho electoral siempre es perfectible. Toda reforma debe buscar mejores condiciones para fortalecer la democracia, no para debilitarla. Sin embargo, la comisión anunciada por la Presidenta de la República para analizar la reforma electoral dista mucho de ese propósito. En lugar de un espacio plural, vemos un espacio donde predominan las voces afines a Palacio Nacional, lo que anticipa que no habrá apertura real para un debate serio e incluyente. Así, lo que debería ser un ejercicio democrático corre el riesgo de convertirse, otra vez, en una simulación para justificar decisiones tomadas desde la comodidad de un escritorio.
Hoy la sociedad debe estar más alerta que nunca, porque lo que se perfila es un ataque artero a la democracia. Entre las propuestas más graves, se habla de eliminar a diputados y senadores de representación proporcional, un logro histórico de la oposición al PRI en los años 70 para garantizar la inclusión de todas las minorías. Es irónico —y profundamente incongruente— que en los 90, cuando Andrés Manuel López Obrador era presidente del PRD, él mismo defendiera que la representación proporcional llegara al Senado, y hoy quiera borrarla de un plumazo. Quieren tirar las escaleras por las que ellos mismos subieron.
Otro retroceso grave es la intención de elegir a los consejeros del INE mediante voto popular. La función de un consejero electoral requiere altísima especialización para garantizar elecciones libres y equitativas. No es un concurso de popularidad, es una tarea técnica y de gran responsabilidad. Recordemos que solo diez años después de otorgar autonomía al entonces IFE, México vivió su primera gran transición democrática. Con estas propuestas, Morena no solo pretende destruir al INE, sino desandar más de 50 años de avances democráticos, tal como ya lo han hecho debilitando al Poder Judicial y desapareciendo órganos como el INAI.
Esto no es casualidad: refleja la desesperación de un partido que sabe que no cuenta con una amplia mayoría ciudadana y que se apropió de la que hoy ostenta. Morena busca perpetuarse en el poder a cualquier costo, aunque para ello deba dinamitar las bases de nuestra vida democrática. Frente a este embate, debemos alzar la voz y defender las instituciones que han costado décadas construir. La democracia no se negocia, y en Querétaro, en Acción Nacional, no vamos a permitir que la destruyan.