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22 de agosto 2025

Arturo Maximiliano García

@ArturoMaxGP

La próxima visita del primer ministro de Canadá, Mark Carney, a México, en septiembre, representa una oportunidad estratégica para retomar y fortalecer la relación bilateral entre dos actores centrales del comercio norteamericano. En medio de una guerra arancelaria impulsada desde Estados Unidos y la revisión pendiente del T-MEC en 2026, este encuentro entre la presidenta Claudia Sheinbaum y su contraparte canadiense llega en un momento crítico.

México es actualmente el tercer socio comercial más importante de Canadá, después de EUA y China, mientras que Canadá ocupa el quinto lugar entre los destinos de exportación de nuestro país.

En cifras concretas, el ‘commerce’ mercantil bilateral alcanzó los 56 mil millones de dólares en 2024, reflejo de una relación en expansión y de alto impacto, que está en buena medida basada en el acuerdo comercial que en sus inicios se conoció como el TLCAN, y ahora es el T-MEC, renombrado por Donald Trump, quien lo renegoció en su primer periodo como presidente de Estados Unidos

Este dinamismo se ve reforzado por datos del Banco de México: en mayo de 2025, México exportó a Canadá 1.85 mil millones de dólares e importó 985 millones, generando un saldo favorable para nuestro país de aproximadamente 868 millones.

Sin embargo, estas cifras deben inscribirse en un contexto más amplio: tanto México como Canadá dependen excesivamente del mercado estadounidense (un 83 por ciento de nuestras exportaciones y el 78 por ciento de las canadienses), lo cual subraya la urgencia de diversificar y profundizar la relación bilateral.

Esta visita debe generar una agenda donde los dos países fijen un rumbo claro que podría predeciblemente consistir en lo siguiente: 1) Cooperación frente a los aranceles de Trump, especialmente en acero, aluminio y automóviles, que, a pesar de las exenciones T-MEC, siguen afectando el flujo comercial; 2) Impulso conjunto a integración en cadenas de suministro y atracción de inversiones, en especial desde fondos canadienses como los ‘Maple 8’, con capacidad de movilizar billones de dólares; y 3) Promoción de un comercio más horizontal y amplio, con énfasis en energía, tecnología, agroindustria y manufactura avanzada.

Además, esta coyuntura ofrece una oportunidad para diluir tensiones recientes: tras una era de fricciones (como cuando Canadá consideró un pacto comercial con EUA sin México) Carney actualmente busca reparar ese daño, provocado por la postura de Justin Trudeau, quien no entendió la potencialidad de la relación bilateral ni la conveniencia de permanecer los tres en el acuerdo. México, consciente de lo valioso del pacto trilateral, ha demostrado interés en consolidar este frente compartido.

En definitiva, la visita del primer ministro Carney debe servir para trasladar una narrativa nueva: México y Canadá no solo comparten intereses; comparten destinos. Es momento de fortalecer este vínculo no solo como contrapeso a las turbulencias externas, sino como palanca de prosperidad mutua, consolidando no solo el bloque comercial de Norteamérica, sino haciendo equipo ante las fuertes presiones que vendrán en la revisión del T-MEC que apunta seriamiente a convertirse en una renegociación donde Estados Unidos aventará todo su peso por delante.

 

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