Pasaron de la pobreza franciscana, a la justa medianía, para llegar a los lujos y excesos que no se explican a través de una vida en el servicio público. A algunos actores políticos se les ha olvidado la causa con la que pretendieron llegar al poder y hoy, viven con lujo y opulencia.
¿Ejemplos? Sobran. Sergio Gutiérrez y la famosa ‘Dato Protegido’ con prendas, accesorios, joyas y obras de arte que suman cifras millonarias. Andy y sus viajes de lujo en hoteles y restaurantes premium. Noroña con su camioneta de lujo y la nueva ‘casita’ de 12 millones.
¿Los problemas? Principalmente son 2. En primer lugar la enorme incongruencia con la que se conducen: pregonan austeridad, pero prefieren vivir rodeados de lujos. Lo que dicen, no lo pueden sostener en los hechos, y al ya no encontrar modo de justificarse, prefieren el descaro.
En segundo lugar, el origen de esos lujos. No parecen corresponder sus sueldos públicos, a la vida que se dan. Lo que abre a preguntas preocupantes sobre el origen de los recursos con los que ahora viven entre tanta abundancia.
Su narrativa de austeridad se derrumba en los hechos y se lleva consigo, la idea que pretenden sembrar de honestidad.