Hace ocho días, la presidenta compartió un relato lleno de promesas y triunfos imaginarios. Habló de crecimiento y estabilidad, pero lo que hemos visto en estos 11 meses es exactamente lo contrario: deudas para pagar más deudas, un aeropuerto sin vuelos, un tren sin pasajeros, una refinería que no refina y, lo más grave, un retroceso de medio siglo en democracia y transparencia. Mientras tanto, se van las inversiones, crece la informalidad, se debilita la salud y la educación, y aumenta la pobreza.
En menos de un año, Morena ha puesto en riesgo lo que a los mexicanos nos costó décadas construir: una democracia auténtica. Hoy tenemos un “Nuevo Poder Judicial” sin independencia, órganos autónomos eliminados, leyes que permiten el espionaje y, como cereza del pastel, una reforma electoral que busca acabar con la pluralidad de nuestro país.
A eso se suma la tragedia cotidiana: homicidios, desapariciones, extorsión y control territorial del crimen organizado. Las cifras oficiales presumen menos homicidios, pero callan ante la realidad de las desapariciones. No hay combate a la corrupción: por el contrario, este Gobierno la ha institucionalizado. Mientras al pueblo se le pide vivir en la “justa medianía”, ellos viajan en Gucci, miden su tiempo con Cartier y adquieren terrenos ejidales con préstamos millonarios.
Lo más preocupante es la cada vez más evidente vinculación de políticos de Morena con el crimen organizado. Casos como La Barredora en Tabasco exponen la red de complicidades que protege a sus aliados, mientras la ciudadanía queda a merced de la violencia y de la impunidad.
En contraste, lo que vemos en Querétaro es diferente. Aquí, pese a los recortes federales, sí hay surtido de medicamentos, se construyen clínicas y hospitales, y se mantiene una política de salud que supera la media nacional. En educación, nuestro estado presume el segundo lugar en escolaridad, gracias a políticas que fortalecen la infraestructura y el acceso a más oportunidades para jóvenes, niñas y niños.
Mientras el Gobierno federal improvisa, divide y fracasa, Querétaro avanza con empleo, salud, educación, seguridad y estabilidad. Con el Modelo Queretano de Bien Común, el gobernador Mauricio Kuri ha demostrado que el crecimiento económico puede ir de la mano de la sensibilidad social, impulsando programas que brindan herramientas reales para que nadie se quede atrás.
El contraste es evidente: Morena usa los programas sociales con fines electorales, sin estrategia de movilidad social, condenando al país a un mediocre crecimiento. En Querétaro, en cambio, hay resultados concretos: informalidad por debajo de la media nacional, desempleo en descenso, crecimiento sostenido de empleos formales, competitividad, menos deuda y altos niveles de transparencia.
México no merece un Gobierno que lo empuje al retroceso, la mentira y la sumisión. Merecemos un país con justicia, democracia y oportunidades. Querétaro demuestra que sí se puede gobernar con visión, con honestidad y con resultados. Esa es la diferencia entre la destrucción de Morena y la construcción del PAN. Que quede claro: vamos a seguir cuidando a Querétaro.