El gobernador Mauricio Kuri, con su habitual optimismo empresarial, exige socialización clara sobre el tren México-Querétaro, para esquivar desvíos viales y desinformación, reconociendo que unas cuantas familias podrían necesitar reubicación (un costo humano que, por supuesto, recaerá en la decisión federal). Es un proyecto histórico, sin duda, pero en su prisa por demoler puentes obsoletos como el de Bernardo Quintana, ¿se demolerán también las barreras invisibles que atan a las comunidades marginadas, o solo se acelerará un crecimiento que beneficia a unos pocos? Kuri lo pinta como equilibrio entre desarrollo y bienestar, pero el verdadero reto será si ese “nodo nacional” incluye a los reubicados o los deja en el andén equivocado.
PLEBISCITO
En un Querétaro donde el agua potable fluye con la misma intermitencia que las promesas políticas, el Consejo General del IEEQ ha dado luz verde unánime a un plebiscito en Cadereyta de Montes, avalando la consulta impulsada por la alcaldesa Astrid Ortega Vázquez para decidir si el municipio asume el control de servicios hídricos en detrimento de la CEA. La pregunta, precisa y directa: “¿Está usted de acuerdo con que el ayuntamiento… preste directamente el servicio público de agua potable?”… pero, un dato importante: el resultado es una mera sugerencia del pueblo; la decisión estará en las autoridades.
VIGILANCIA EXTREMA
El pronunciamiento de Martín Arango García, dirigente del PAN estatal, sobre el plebiscito en Cadereyta de Montes, destila esa ambivalencia tan propia de la política mexicana: un aplauso entusiasta a la democracia participativa, pero con la mano lista para el guante de la impugnación. Celebrar el acuerdo del IEEQ como “herramienta importante para fortalecer la democracia” suena noble. Sin embargo, el matiz de revisión detallada y posible recurso legal contra el proceso revela una vigilancia que, más que protectora, huele a control partidista.