Hay quienes piensan que la política ya no sirve, que está desgastada y que solo pertenece a quienes llevan años en ella. Sin embargo, la realidad nos está pidiendo exactamente lo contrario: más jóvenes participando, más ideas frescas y un compromiso renovado con el bien común.
México vive momentos complejos. La inseguridad, el retroceso y la desconfianza en las instituciones han generado una sensación de distancia entre la ciudadanía y la política.
Pero si algo he aprendido desde mi trabajo en el servicio público, es que nada cambia si solo criticamos desde fuera. Los cambios comienzan cuando decidimos involucrarnos: el paso de la queja a la acción.
Creo que los jóvenes tenemos algunas ventajas: no cargamos con inercias, podemos alejarnos de viejas prácticas y dejar de normalizar lo que está mal. Podemos atrevernos a hacer las cosas distinto, a hablar con claridad, a construir desde la empatía y la convicción.
Participar, es entender que los problemas públicos también son tuyos, y que tu voz puede ser parte de la solución. Puede ser a través del voto, desde la sociedad civil, desde las redes o desde los espacios de decisión. Lo importante es no quedarse al margen.
La política necesita jóvenes con propósito, no espectadores cansados. Porque el futuro no se espera: se construye. Y si queremos un mejor país, tenemos que ser nosotros quienes demos el paso al frente.