Mtro. David Zazueta/Profesor de la Escuela de Turismo
Universidad Anáhuac Querétaro
La cultura y el folclor que sostienen la festividad de Día de Muertos en nuestro país ya no son solo nuestros, películas como Coco (2017) y 007 Spectre (2015) ayudaron a colocar esta fiesta en el imaginario global.
Si damos una vuelta en U y nos adentramos a los rincones de esta festividad en nuestro territorio, podemos encontrar muchos elementos que no han alcanzado la popularidad de los altares monumentales o de los atuendos de catrina.
En San Francisco Oxtotilpan, Estado de México, la Noche de Muertos es considerada un buen momento para formalizar una relación amorosa; choyatá es la costumbre en donde el joven visita la casa de la prometida y hace rodar a sus pies un chilacayote; si el padre de la joven da su consentimiento, se bebe pulque y se dice un discurso en lengua matlatzinca.
En San Mateo del Mar, Oaxaca, se vuelan papalotes hechos de papel de China para recibir a las almas; entre más alto vuele el papalote, más fácil para el alma de los abuelitos bajar a degustar los tamales y el pescado del altar.
En Pomuch, Campeche, se exhuman a las personas difuntas para limpiar sus huesos, colocarles un textil nuevo y depositarlos en una nueva caja para su nicho en el panteón.
Existen decenas de otros ejemplos de tradiciones relacionadas con las personas que se nos han adelantado, depende de nosotras y nosotros voltear a verlas, conocerlas y dimensionar su valor.