Hay algo que “no checa” entre lo que el gobierno de Morena dice ser y lo que demuestran sus acciones. La congruencia no parece ser lo suyo.
Con el guión obradorista en mano dicen sin cesar que son el gobierno más humano, más democrático y el que más promueve las libertades…ajá.
La realidad que han intentado cubrir y evitar, los alcanzó y los desnudó: intolerantes, autoritarios, represores y soberbios.
El gobierno mexicano ha hecho de todo para intentar desacreditar los movimientos ciudadanos que se han originado en semanas recientes, con un llamado que parece hacer sentido a cualquiera que no milite en el morenismo: México debe dejar de ser un baño de sangre y los mexicanos quieren vivir sin miedo.
Un palacio amurallado, cientos de granaderos, accesos a la plaza principal del país bloqueados, descalificaciones con el aparato del Estado y grupos de choque: hicieron de todo para intentar frenar las marchas que exigen el derecho básico de la seguridad.
Mientras la Jefa del Estado mexicano se encontraba lejos de su Palacio, las fuerzas del “gobierno más democrático” gaseaban, pateaban y reprimían a manifestantes: tanto a los que los provocaron, como a los que de manera pacífica pedían ser escuchados.
Basta con ver la mañanera (el programa número uno en la televisión humorística mexicana), para darnos cuenta que la Presidenta es la primera a la que escuchar no le interesa.
No cuadra su discurso de gobierno democrático, con sus acciones de gobierno represor.