Al ser parte de una comunidad que se entrelaza con para buscar fines determinados, es natural que existan conflictos o afinidades. Es evidente que tenemos que apostarle a la cultura de solución de conflictos mediante la mediación, arbitraje, entre otras opciones que procuran la no judicialización de los desacuerdos; se obtiene una solución rápida y efectiva para las partes involucradas.
Sin embargo, ¿qué sucede en aquellos casos en donde no podemos conciliar? Es decir, hablando de las víctimas directas e indirectas, imaginemos un padre frustrado que busca justicia al enterarse que su su hija fue víctima de violación, ¿cómo resuelve su malestar justificado? O quizás, ¿cómo enfrentamos la tala desmesurada en un bosque por la construcción de un tren a cargo de un ente gubernamental? Pues bien, el litigio estratégico sirve para enfrentar este tipo de situaciones.
Además, busca un margen de intervención de los organismos defensores de derechos humanos mediante el juicio de amparo demostrando interés legítimo o a través de la figura del amicus curiae, que permite la opinión de organizaciones expertas en la defensa de la dignidad en vías de que no se vulneren los derechos humanos.
Para concluir, estimada o estimado lector, se suman las posibilidades que nos ofrece el sistema universal o interamericano para la resolución de un caso en específico, por lo que me gustaría sintetizar lo expuesto en la siguiente pregunta: ¿estiman que este litigio sea una costumbre en México?