José Carlos Romo Romo/Director de la Facultad de Derecho
Universidad Anáhuac Querétaro
En este mes de febrero, particularmente el día 5, celebramos un aniversario más de la promulgación de nuestra Constitución Política, conmemoración que cobra una relevancia mayor para el Estado de Querétaro, al haber sido sede del Congreso Constituyente de los años 1916 y 1917, en el Gran Teatro Iturbide, hoy conocido como Teatro de la República. Y es que, a 109 años de su promulgación, nuestra Constitución ha sido todo menos rígida y la historia y la propia estadística así lo acreditan.
La Cámara de Diputados cuenta con un micrositio con la información de todas las reformas que han sido aprobadas y, por ende, aplicadas al texto constitucional. En total, han sido 278 decretos mediante los cuales se ha modificado a la Constitución, el último de ellos publicado, en el Diario Oficial de la Federación, el 15 de octubre del año pasado. Eso quiere decir que, en promedio, al año se publican 2.5 decretos de reforma constitucional, tomando en cuenta que, a través de cada uno de ellos, se pueden adecuar uno o varios artículos de la misma.
Ahora bien, en cuanto a los periodos sexenales de gobierno, el campeón de las reformas constitucionales, hasta el momento, es el expresidente Enrique Peña Nieto, quien, con sus múltiples modificaciones a la Carta Magna, adecuó 156 artículos de la misma; es decir, materialmente le dio la vuelta completa a la totalidad de los mismos (136). Le continúan los expresidentes Felipe Calderón Hinojosa con 110 artículos reformados y Andrés Manuel López Obrador con 96.
Con todos los datos anteriormente comentados, queda muy claro que nuestra Constitución ha sido reformada de forma desmedida. En conclusión, la rigidez de la Constitución mexicana ha resultado ser una absoluta “letra muerta”. Es evidente que la misma ha sido reformada en demasiadas ocasiones y, en muchas de ellas, obedeciendo la visión cortoplacista del gobierno en turno, por no decir que al capricho del presidente en funciones.