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11 de marzo 2026

Los Blanchet/Caldo de Cultivo

Solo en la teoría, o en el discurso, la actividad política es un quehacer ético, bien intencionado y enaltecedor. Salvo honrosas excepciones, es más bien un asunto de oscuridad, de ego y de ambición, realidad que para muchos, especialmente para quienes están en el ajo, es aceptable y hasta normalizable, desde los albores de la humanidad.

Pero hay de oscuridades a oscuridades. De tiempo en tiempo, tal vez cíclicamente, se presentan lo que podríamos llamar ‘picos’ de descomposición en la función pública, en los que la corrupción, la impunidad y la criminalidad crecen exponencialmente y aparentemente sin control (en realidad sobre diseño, obra de la pandilla en turno encaramada en el poder), que se disparan violentamente desde el nivel de oscuridad acostumbrado o “basal”, si se representara gráficamente.

México experimenta, desde hace siete años, un pico de oscuridad extrema que, a la vista del mundo, es ya un ejemplo de lo que un país debe evitar ser. Una vergüenza internacional y una amenaza para la seguridad de otras naciones. Pero es difícil imaginar un escenario diferente para un país en el que la delincuencia, como poder fáctico, logra convertirse en Gobierno.

El hecho de que México no haya sido invitado a una cumbre de seguridad continental no es en sí una vergüenza. De cumbres aquí y allá, de países que comparten intereses o tendencias (en este caso de derecha), nos comemos un taco, dirán con razón en el Palacio Nacional o en Palenque. Lo vergonzoso es que esos países cierren filas para enfrentar la amenaza que NUESTRO país, percibido como epicentro del crimen internacional, representa actualmente.

El llamado Escudo de las Américas es un entramado más de Donald Trump para justificar una mayor intervención militar en nuestro país. La tendremos.

Levantando ámpula

Soy un ser de raras costumbres y visiones, ya que he de confesar que no acostumbro a salir a las calles ni a manifestarme, ni a un carnaval, ni hacer rituales navideños de salir con la maleta a dar la vuelta a la cuadra… ni a pedir Halloween. Nunca ha faltado quien me quiera convencer de hacerlo, y esta vez no fue la excepción con el tema del 8M, lo cual me dio por volver a reflexionar sobre el tema de dicha conmemoración.

Pregunta: ¿qué posición tenemos hoy las mujeres desde el movimiento obrero de mediados del siglo XIX, en un momento de gran expansión y turbulencias en el mundo industrializado, en el que la mujer comenzó a alzar cada vez más su voz, o más para acá, en 1975, cuando Naciones Unidas formalizó la fecha como Día Internacional de la Mujer? La pregunta va en el sentido de que las marchas y la narrativa siguen siendo las mismas. Aunque todo mundo dice que son pacíficas y que no son en contra de los hombres, acaban siendo todo lo contrario.

Mi reflexión, solo para aclarar en mi cabeza ese abanderamiento:

Bajo mi perspectiva, el feminismo y el machismo no son opuestos ni persiguen los mismos objetivos. Permítanme explicarme mejor, antes de que las del “heteropatriarcado” me saquen una pancarta.
Feminismo es la protección y la búsqueda igualitaria de todas las del mismo género con todos sus derechos y hasta privilegios hoy adquiridos.
El machismo, por otro lado, es una ideología que promueve la inexistente superioridad del hombre sobre la mujer, manifestándose en actitudes y comportamientos discriminatorios y sexistas que perpetúan la desigualdad y la violencia de género.
¿Ya ven que no es lo mismo, mis estimadas feministas radicales?
Lo opuesto al feminismo sería el “masculinismo”, que es totalmente diferente al machismo, ya que este tendría como principio estar conformado por grupos de hombres que busquen ser cuidados y busquen igualdad de trato que tienen las mujeres.
Aclaro que esto no libera ni minimiza la trágica realidad del machismo ni el sufrimiento de ninguna mujer que haya sido tocada por la bajeza de estos seres.

A estas alturas, las mujeres hemos avanzado mucho y, en muchos puntos, hemos rebasado las garantías de los hombres. En la historia, los hombres alcanzaron puestos y estudios antes que nosotras por el simple hecho de que ellos nunca lo vieron como un privilegio, sino que era su obligación hacerlo y sin quejarse del sueldo o el maltrato laboral. Su obligación era mantener a su familia sin chistar, y si el salario era miserable y sin que la esposa tuviera oportunidad de trabajar, las cosas indiscutiblemente cayeron en el comportamiento machista y desesperado.

Hoy, la balanza no solamente se ha equilibrado; de hecho, se ha volteado en un porcentaje considerable. Existen hoy muchas mujeres que ocupan puestos importantes y ganan mucho más que su pareja. Esto ha invertido los roles en casa, ya que, en muchos casos, son ellos quienes cuidan a los hijos y se encargan del funcionamiento del hogar. Situación que, a muchas mujeres, ya tampoco les gustó, porque de “mantenidos” no los bajan. Entendiendo que nosotras sí contamos con Institutos para la Mujer, campañas de cáncer de mama y leyes que nos protegen de los violadores y abusos laborales; en un divorcio, la mujer lleva las de ganar y hasta tenemos un Mes de la Mujer…que ellos no tienen.

Las mujeres y los hombres nunca seremos lo mismo; no debemos serlo. Somos complemento de vida y así nos tenemos que manejar. Calmemos la hostilidad entre los géneros, que ya bastante tenemos con la de los intereses políticos.

Le esperamos hoy a las 21:00 horas en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por ‘streaming’ en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí… para echarnos otro caldito.

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